Cuando conoces las reglas de la realidad, es cuando puedes transformarla
Aug 30, 2025

Porque hay dos realidades. La realidad de todos, coincidiendo en este espacio-tiempo. Y la realidad individual, cuando nos conectamos con el Todo. Cuando pensamos, cuando imaginamos, cuando ilusionamos. Cuando buscamos arriba lo que queremos traer abajo, cuando buscamos adentro lo que queremos traer afuera. Y convivimos con los “afueras” de los otros y con los nuestros, en un juego perpetuo de espejos. Todo sucede a la vez: arriba y abajo, adentro y afuera.
María la Profetisa enseñó a Aros que los vapores podían coagularse y ser retenidos en un solo día, hasta que lo que debía hacerse estuviera cumplido. Con esas palabras reveló el misterio de la fijación: lo volátil que parece humo puede detenerse, unirse, volverse sustancia. La enseñanza no se pierde, sino que se coagula. Y nosotros, reconociendo ese principio, nos entrenamos para estar preparados. Diseñamos un sistema para introducir los vapores y comprendimos que esos vapores son palabras que generan emociones, imágenes, conocimientos que se estancan o se expanden y que tienen distintos niveles: hay palabras simples que rozan la superficie, hay palabras profundas que tocan la raíz, pero todas participan de un mismo impulso que nos une. Sin embargo, también descubrimos que la materia que sostiene al espíritu —cada cuerpo, cada mente, cada alma— tiene formas diversas de aprender y de relacionarse. Esa es parte de la alquimia: no solo producir vapores, sino adaptarlos al modo en que la materia los recibe. Porque lo que en verdad interesa no es el humo que se libera, sino la fijación de lo que debe coagularse en cada ser.
La sangre repite este misterio en el cuerpo. Circula como río invisible, y cuando una herida la abre, coagula para sanar. El coágulo es vida cuando cicatriza, pero es muerte cuando interrumpe el flujo donde no debe. La trombosis es la coagulación equivocada: una fijación que mata lo que debía permanecer en movimiento. Así entendemos que coagular no es neutro: puede ser salvación o condena, depende del lugar donde se fija.
Las palabras hacen lo mismo en el alma. Circulan como vapores, como corrientes de aire. En el mercado, en la televisión, en la voz de un estafador, se repite: “Compra esto y te amarás. Compra esto y adelgazarás.” Esa frase parece humo, pero coagula en el cerebro, se fija, se vuelve mandato. Como la sangre, la palabra coagula para sanar o para enfermar: puede cicatrizar heridas de autoestima o generar trombosis de deseo y de culpa.
María lo dijo en su lenguaje: “Los vapores pueden coagularse y ser retenidos en un día, hasta que lo que debía hacerse esté terminado.” El Kybalion lo confirma en otro: “Nada reposa, todo vibra.” La palabra vibra, circula, se evapora, pero siempre busca vaso donde fijarse. Y cuando se fija, cumple su obra.
Entonces la pregunta se abre: ¿qué palabras han coagulado en ti? ¿Qué frases circulan en tu interior, qué vapores se han retenido en tu vaso? ¿Cuáles te han sanado, cerrando heridas, dándote vida? ¿Y cuáles te han trombosado, bloqueando tu flujo, generando rigidez, enfermedad, muerte espiritual? Porque todo coágulo que enferma está destinado a disolverse y morir, para que pueda renacer en cicatriz, en fuerza, en sabiduría.
El misterio es uno y el mismo: la sangre coagula, la palabra coagula, el espíritu coagula. El vaso de Hermes es la conciencia que sabe qué debe fijarse y qué debe soltarse. Y la verdadera Obra es aprender a discernir qué frases nos cicatrizan y cuáles nos trombosan, para que nuestra transmutación sea siempre hacia la vida.
Andreina Alessio
Ocultista, Wicca, Maga, Bruja, Astróloga, Filosofa hermética, Licenciada en Comunicación Social, todo eso, todo junto, a la vez.
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