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Cual Luz

Mar 3, 2026

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Cual Luz
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Hay despedidas silenciosas que duelen más que las ruidosas. En las ruidosas, uno enfrenta, expone y discute hasta que la única solución es decir "adiós". En cambio, en las despedidas silenciosas, el adiós sucede sin ser anunciado. No tenemos la previa al enfrentamiento ni el argumento preparado para una discusión. Uno solo dice "adiós" sin darse cuenta de cuándo lo dijo, porque no quedó de otra, porque no hubo otra opción.

Este quizás sea un «adiós» que me duela para toda la vida; que me deje tan vacía como llena de emociones, tan confusa y aturduda; tan vacía que soy incapaz de llorar de pura tristeza, pero ante el mínimo recuerdo rompo en llanto. Tan vacía que el vacío no es ausencia, sino un espacio que mi alma todavía no sabe cómo ocupar. Te mentiría si te dijera que sé cómo seguir porque no tengo ni la más pálida idea de cómo hacerlo, pero lo hago porque sé que eso era lo que habrías querido para mí.

Me duele saber que ya no voy a llamarte más en tu hora del té, tratar de que hablemos de algo y terminar gritándote porque siempre me respondías con una galleta en la boca y no te entendía nada. Apenas una semana y extraño que me retes porque no me levanté temprano. Voy a extrañar tanto que simplemente me digas lo contenta que estabas por mis logros, por más chiquitos que fueran.

Me duele saber que, de todo eso, lo que más voy a extrañar es poder escucharte.

Hoy tengo el corazón vacío y no sé cómo volverlo a llenar, pero tengo el alma cargada con mil cosas más. Ahí, en el calorcito de tu recuerdo, viven los tirones de oreja por portarme mal, la imagen de cuando era chica y me obligabas a cortarme el pelo como Carlitos Balá y, obvio, todas esas risas que soltábamos hasta quedarnos dormidas cuando te venía a visitar.

Veintiséis años son muchos días de recuerdos. Quizás no todos fueron buenos, pero cada uno de ellos me enseñó la clase de persona que fuiste y, sobre todo, la clase de persona en la que me quiero convertir.

Dicen que los sentimientos no son para siempre y ojalá que el único pasajero aquí fuera el dolor. Quiero tenerte en mi hombro como ese ángel que siempre fuiste para mí. Quiero recordarte con todo el amor del mundo, ese que me enseñaste a sentir.

Ojalá que las cosas no hubieran terminado así, ojalá hubiéramos tenido una despedida ruidosa; pero ahora el único ruido que escucho es el eco de tu voz.

¿Y sabés qué? Me niego a que esto sea un "adiós". No va a ser un adiós porque no te fuiste y no me abandonaste. No va a ser un adiós porque te recordamos y así vas a seguir viva en nosotros y con nosotros. Siempre vas a vivir en cada rinconcito de mi ser y de todo aquel que tuvo la suerte de conocerte.

No va a ser un adiós porque voy a decir tu nombre en voz alta solo para llenar el mundo de un poquito más de vos.

Te amo mucho, vejes. Sé que me escuchás allá, donde sea que hoy estés, porque vi todas las señales que me mandaste y sé que estás bien.

sobrepensante,

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