Tengo el sueño de una vida ideal en la que vivo 6 meses en Cuenca, Ecuador; y 6 meses en Córdoba, Argentina. Ir y venir para esquivar el invierno como hacen las golondrinas. Quizás así descubra y abrace mi naturaleza, esa salvajada que reprimo en cada conversación. Es complejo proyectarse, en este momento, en Latinoamérica porque los que gobiernan parecen más un experimento reptiliano que gente gobernando al pueblo que los parió. Y sin embargo, la esperanza se mantiene intacta en mi voluntad que no para de conjugar palabras. Hoy escuché con detenimiento la letra de la canción "Honrar la vida", la versión de Mercedes Sosa, por supuesto. Me apena haberme quedado todos estos años con la parte más sabida de la canción y no haber reparado antes en su letra; me hubiese servido como respuesta a los planteos de mi padre mucho antes. ¿Qué es, qué significa honrar? Darle peso. Darle peso a la vida es por lógica básica, que la gravedad decante por ella antes que la muerte, pensando en una balanza, que es primariamente donde se usa la cuestión de "darle peso". Es quizás extremo, pero estamos viviendo tiempos urgentes, y quizás, los términos extremos en este contexto no son tal cosa. Quizás exceptuando sólo nunca, y dependiendo el devenir de la conversación. Quisiera poder pararme frente al mercenario que habita mi psiquis y gritarle que voy a honrar la vida porque es lo único que verdaderamente poseo. Y comienzo a pensar en el tiempo, en el espacio, en el corazón y vida que regala la canción del peruano Flores Alban. Asumir la vida, tomar una posición de asunción del tiempo que tenemos en la tierra que elegimos, lo venía pensando más como un "hacerse cargo", como un deber, como una demanda a la que se responde por tener vida simplemente. Por haber sido parida y por elegir un transitar con cierta consciencia del tiempo y del espacio, de la historicidad de la humanidad, del ser arrojado a la proyección, y cierta necesidad espiritual de trascendencia. Asunciones muy personales que parecen universales. Y sin embargo, experimenté un giro subjetivo esta mañana mientras me debatía por salir de la cama una mañana dominguera de inicio de invierno o quedarme un ratito más cobijada por las colchas. Tal vez, asumir la capacidad de experimentar la vida está mucho más vinculada a desparramarse, a permitirse el desparramo más que hacerse cargo. Obvio, siempre hay una dimensión ética en toda palabra, no hay que dejar de hacerse cargo, tampoco soy nihilista. Pero asumir los desparramos habilita otras dimensiones del ser, como equivocarse, como ser esquivo, como compartir, como no reprimirse, etc etc. No soy filósofa ni psicóloga, sólo curioseo en la marea de palabras que nos permiten acercarnos de otra manera a las experiencias. Seguro en el desparramo podría encontrar ese ir y venir, un migrar con constancia y permanencia, un cantar, viajar y jugar como lo son las buenas conversaciones.
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Rocío Giménez Ferradás
Hola! Soy dibujante pero las palabras son un jardin en el que refugio el pensar
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