Crónicas de alguien que se enamora seguido.
Jan 10, 2026

Suelo enamorarme siempre. Muchas veces. Con una facilidad que debería venir con advertencia.
Me enamoro de personas, de gestos, de versiones mínimamente amables del mundo. Me enamoro del que me presta atención cuando hablo, del que manda audios largos, del que se acuerda de un detalle que yo misma había olvidado.
A veces ni siquiera me enamoro de alguien puntual, me enamoro de la idea de que algo empiece.
Tengo una capacidad increíble para confundir química con destino.
Si hay conexión, ya estoy dentro. Si hay charla fluida, ya estoy planeando. Si hay silencio cómodo, ya estoy perdida. Después, cuando la realidad aparece, y siempre llega sin avisar, me sorprendo, como si no supiera que las personas también se cansan, desaparecen, dudan o simplemente no sienten lo mismo.
Como si no fuera algo que ya me pasó antes. Varias veces.
Me enamoro rápido, sí. Pero no por desesperación, como algunos creen. Me enamoro porque miro mucho. Porque escucho. Porque presto atención.
El problema no es sentir, el problema es creer que sentir alcanza.
Yo creo que el amor se arma solo con ganas, con risas compartidas, con promesas que nadie dijo pero yo entendí igual. Después me doy cuenta de que no, que también hacen falta decisiones, presencia, responsabilidad emocional. Detalles menores, aparentemente.
Mi especialidad es enamorarme del potencial. De esa persona que podría ser increíble si sanara dos o tres cosas, si aprendiera a comunicar lo que siente, si dejara de tenerle miedo a la intimidad.
Yo veo todo eso antes de que exista. Soy optimista, ilusa y un poco terca. A veces pienso que no me enamoro de personas, sino de proyectos a medio hacer.
Mientras el otro está viendo qué quiere, yo ya hice un recorrido emocional completo. Ya pasé por la etapa de ilusión, la de duda, la de justificación y la de “bueno, no era para tanto”.
Todo en silencio, claro. Porque tampoco es que ande reclamando lo que nunca se prometió.
Me enamoro y sigo funcionando. Me despierto, respondo mensajes, hago planes. Pero por dentro estoy un poco ocupada imaginando escenarios que nunca pasan. Conversaciones que no suceden. Versiones de mí misma un poco más elegida.
Es agotador y hermoso al mismo tiempo, como todo lo que uno no sabe bien cómo controlar.
Y aun así, no dejo de hacerlo. No me cierro. No me vuelvo cínica. Me quejo, sí, como buena dramática que soy. Digo que ya no creo en nadie, que esta vez voy a estar tranquila, que no voy a esperar nada.
Pero después aparece alguien que me mira de cierta forma, y listo. Otra vez yo, creyendo que quizá, esta vez, sí.
Tal vez me enamoro tanto porque enamorarme me recuerda que sigo viva. Que todavía me importa. Que no me convertí en alguien que pasa por las personas sin sentir nada.
Y aunque a veces duela, prefiero eso a no sentir en absoluto.
No sé si enamorarme siempre es un defecto, una costumbre o una forma elegante de evitar el aburrimiento emocional. Lo único que sé es que me pasa.
Y que, mientras me pase, voy a seguir escribiéndolo. Riéndome un poco de mí. Contándoselo a algún amigo. Y preguntándome, como quien no aprende del todo, ¿cuántas veces más puede una enamorarse antes de hacerlo mejor?
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión