Los Poemas nacen en mi mente
y ahí se anidan durante mucho tiempo.
Nacen desorganizados
como una pista o detalle que se aloja y resalto para que no se vayan.
Aparecen cuando duermo
o me baño
o intento subsistir.
A veces en el medio de un llanto incontrolable
o en un pedido de clemencia a mis voces que nunca me dejan sola.
Pienso "esto tengo que anotarlo o la idea no me dejará en paz".
Eventualmente me atormenta
hasta que escucho y actúo en consecuencia.
Si estoy ocupada y digo
"retomo en breve, denme un segundo."
Entonces las letras se escapan ofendidas.
Olvidadas se desvanecen.
Me ha sucedido muchas veces
en una especie de castigo por el letargo.
Con el tiempo aprendí que tengo que escucharlas.
Ellas son prioritarias y
cuando el alumbramiento se desata
no hay manera de frenarlo.
Sucede y llegan porque ellas no entienden de trabajos,
responsabilidades
ni insomnios.
Es curioso el funcionamiento exacto de estos devenires:
si intentara que sucedan se cancela el proceso.
Las ideas nacen cuando menos me lo espero,
pero de ninguna manera obligadas.
Son libres por naturaleza.
Y no hay sistemas estrictos que puedan con eso.
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