Tengo un problema que me quema por dentro,
una falla en mi sistema que se expande por el centro.
Un dilema constante hacia la información recibida
que me lleva a cuestionar lo que se da por establecida.
Por ende, esto lleva a un incansable cambio de opinión,
a tal punto de parecer una viviente contradicción.
Pero ¿qué hago si soy adicto a la más pura razón?
No es caos lo que cargo, es hambre de comprensión.
Y en un tema tan complejo como lo es la religión,
es casi imposible llegar a la correcta interpretación.
No me exijas que me aferre a una de forma absoluta,
cuando toda fe sin juicio se vuelve ciega y bruta.
Ninguna religión la veo como un axioma,
en todas encuentro algo que la desploma.
No hay ninguna a la que no le encuentre defecto,
porque dudar no es negarlo todo, es ser honesto.
Incluso los más creyentes desconocen las respuestas
y dicen que hay que aceptar lo que dicen las propuestas,
buscando negar la duda de forma falaz,
pero evadiendo la guerra no se consigue la paz.
Aun así, puede que me equivoque en mi reflexión,
pues quizá le esté llevando la contraria a mi creador.
Pero soy tan egocéntrico que busco tener razón,
incluso cuando mi oponente es el propio autor.

Iker
Un joven de 15 años que narra sus vivencias a través de sus obras, te invito a darles un vistazo, acepto cualquier crítica constructiva, sin más que decir, me despido.
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