Me pregunto
qué mujer
tengo que arrancarme de raíz
para que tus ojos
aprendan a quedarse,
para que no sigan vagando
como cuervos insatisfechos
sobre cualquier carne
Qué versión de mí
debe morir lentamente,
qué parte
tengo que sepultar
bajo tu deseo sin nombre
para merecer
una mirada que no huya.
(De mi)
Porque tus ojos no miran:
consumen.
Mastican siluetas ajenas
mientras yo me vuelvo sombra
sentada a tu lado,
mientras mi presencia
se diluye
en silencio.
¿Por qué sigues mujeres
como si siempre
estuvieras buscando algo mejor?
¿Por qué le das like a sus cuerpos
con esa facilidad,
como si el mío fuera
paisaje repetido?
¿no soy suficiente?
¿Te pesa mi forma cuando me tienes al lado?
Porque cada "corazón"
que dejas en otra piel
se siente
como un bisturí en la mía.
Y entonces
me miro y me pregunto,
con rabia y vergüenza:
si mi cara fuera como la de ellas,
si mi cuerpo encajara en lo que deseas,
¿me mirarías con hambre
o dejarías de buscar afuera
lo que ya tienes conmigo?
Dime
qué cuerpo exacto exige tu hambre.
Qué medias
deben envolver mis piernas
como vendas funerarias,
qué tamaño de pechos
apagaría tu sed perpetua,
qué tan grandes mis nalgas
para no sentirme
un error anatómico,
una mujer mal hecha
frente a tu mirada dispersa.
¿En qué medida fallo?
¿Dónde quedo corta?
Me miro en el espejo
como se mira a un cadáver reciente:
con miedo,
con asco,
con la necesidad enferma
de encontrar la causa de la muerte.
Me mido
me comparo,
me reduzco a números,
a proporciones,
a carne evaluada.
Aprendo a odiarme
con una precisión que no pedí
Tus pupilas se arrodillan
ante cuerpos desconocidos
y yo me quedo aquí,
desvestida por dentro.
Tus “eres la más hermosa”
son palabras huecas,
flores marchitas
dejadas sobre una tumba
que todavía respira.
No pesan.
No sostienen.
No salvan.
Porque salen de la misma boca
que permite
que tus ojos me traicionen
una y otra vez.
Esos ojos,
los mismos que me han visto desnuda
cada noche,
los que conocen mis cicatrices,
mis miedos,
mis gestos más frágiles
Me atraviesan,
pero no se quedan.
Y lo más cruel
no es que miren a otras,
es que me obliguen
a preguntarme
qué mujer debo ser
para que no lo hagan.
Por que
cada mirada tuya hacia otra
me arranca
algo pequeño.
Un fragmento diminuto
pero vital.
Un pedazo de la mujer
que se sentia hermosa
cuando estaba entre tus manos,
Como si el amor
fuera un castigo
que se paga con el cuerpo.
Como si yo tuviera que mutar,
romperme,
mutilarme
Yo sigo aquí,
me quedo así,
con la sensación brutal
de que mi cuerpo nunca gana,
de que siempre
hay algo más brillante
contra lo que tus ojos se estrellan
cuando no estoy
cuando no miro,
cuando no puedo defenderme
del juicio silencioso
de tus pupilas.
Porque ante mis ojos
tú no compites con nadie.
No hay nadie.
Solo tú.
Con tus cicatrices.
Con tu piel hirviendo.
Con tus ojos verdes
que aprendí de memoria.
No te comparo.
No te mido.
No te evalúo frente a otros cuerpos.
Te elijo
Me observo
con mi cuerpo gangrenado
de inseguridad
de comparaciones
de pensamientos que se pudren lento
bajo la superficie.
Si fuera más linda…
tal vez no sentiría esta guerra.
Tal vez no estaría aquí,
llorando frente al reflejo
como si pudiera negociar
con mi propia imagen.
Me quedo
con la piel intacta
preguntándome
qué mujer debo ser
pero no hay nada
ni yo
ni aprendizaje
ni acusación.
Solo ausencia..
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión