Corta reflexión de la finitud
Abr 10, 2026
Todavía es temprano y es lunes 15 de diciembre del año 2025. Muchas veces considero la edad del universo y no puedo evitar pensar que somos una ínfima parte del infinito, y que dentro de muy poco tiempo formaremos parte de aquello que ahora nos parece el pasado más lejano, por ende ser consciente de dicho proceso venidero, pero en el presente, forma de manera inevitable una aureola de exclusividad perentoria, que tiñe de un matiz eterno cada fragmento de mi existencia. Estar consciente que en este momento en que mis palabras se vuelcan sobre este lienzo digital, es ahora y no antes o después, me genera un estado de éxtasis un poco infantil. La sensación de que girar la cabeza hacia la izquierda y ver el ramaje verde de la calle a través de la ventana, es un suceso tan irrepetible, no por su espacialidad sino por su conjugación con el tiempo, es decir, por su coordenada espacio-tiempo específica, quiere decir que puedo contemplar aquel mismo árbol todos los días, pero sin la extraña mezcla que va mutando día a día dentro de mí, o mejor dicho, todos los días con una sustancia distinta que modifica la percepción del árbol, creando por ende un árbol distinto. Ya lo dijo Heráclito, nadie se baña dos veces en el mismo río.
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