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Corcho quemado

Mar 16, 2026

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Corcho quemado
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Ay chicas, no saben lo que me acaba de pasar. Sosteneme la canasta nena ¿Querés? Que se me cae todo. Simona, María Josefa o alguna, pongan la pava que les cuento. La yerba que está afuera déjensela a los matungos nomás, que hoy le compré un poquito al Ramoncito, el borrego de la Federica. Sí, como escuchan. No, no estoy loca. Ya sé que está cara la yerba, pero oíme que no lo vas a poder creer. Vamos a tener que ponernos todas a amasar. Lo que tengan sus maridos guardado, usémoslo para comprar harina y grasa, que recuperamos todo en un día y nos sobra. Resulta que fui a La Victoria, la plaza del centro, a ver si podía cambiar media docena por dos litros de leche para las criaturas. Venía mansa como agua de pozo, llegando, cuando se escucha un tole tole increíble. Había más hombres que la miércoles. Un par andaban con zapatos, pero la mayoría estaban en patas en medio del barro. Eso sí, cada uno con un fusil en la mano. No saben el julepe que me pegué cuando los vi. Ya estaba yendo a calentar las ollas de fuego de nuevo, como la otra vez cuando vinieron los barcos. Me quería asegurar de tenerle la leche al Fernandito y a la nena, que son los más guachos. Así que le metí pata nomás a ver si lo encontraba al Ricardo, que siempre suele andar ahí con los tarros. Encima, con lo que llovió se armó un barrial increíble, más la bosta de siempre, no se podía andar casi. Pero igual fui ligero, ligero, no vaya a ser que se me vaya. Hasta que en una de esas, no saben, uno de los señores de rifle se me queda mirando y yo lo veo que me miraba. Me miraba y me chifla. Ahí nomás me le pianté y me hace con la mano así como para que le vaya. Yo me acerqué nomás, no vaya a ser que se le saltara el chorlo. Viste como son los señores, no, no, que no se vaya a enojar, ¿vio? Que ahí son peores, ya me lo veía ahí en la plaza nomas haciéndome lo que le hizo el Lue a la Carmencita en la parroquia después que ella no fuera cuando lo llamó, Dios me libre. Así que le pedí al San Benito moro que no me deje quedar otra vez, que esta vez no iba a poder darle de comer a todos y me le acerqué. Cuando me le acerqué me pregunta cuánto. Todas se llevó, chicas. Todas. Las empezó a repartir entre los chisperos que estaban ahí. Me dijo que si le podía hacer más para mañana, que van a estar unos días asustando al cisne. No, no sé qué están haciendo. Ni idea. Cuando me hice la sonsa para tirarle de la lengua, me dijo eso nomás. Yo qué sé. Es lo mismo, no importa si es cisne o aguilucho, veintidós, veinticinco, veintinueve o veintitrés, yo tengo que amasar todos los días igual. De cosas de señores no entiendo nada. Si sé contar, ¿Qué decís? Es lo mismo. Para qué quiero saber contar si eso no me cambia en nada. Sabiendo contar no voy a comprarle unas alpargatas al Fernandito ni darle de comer a las criaturas. Yo lo único que necesito saber es cómo hacer un buen repulgue para que cuando las meta en grasa no se abran. Así voy a darles de comer. Ah, y ya les digo, mañana las vendemos a dos reales. Total, el que me las compró es el patrón de la Marita, ese el de las cartas ¿ubicás? Que ahora es todo un señor. Gracias por el mate, me llené, muy rico. Che ¿Nos ponemos a amasar? Que nos va a agarrar la tarde y nos vamos a congelar, ya estamos en mayo, se pone fresco.

Catalina Hiriart

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