mobile isologo
buscar...

Corazón plastificado

Sep 29, 2025

155
Corazón plastificado
Empieza a escribir gratis en quaderno

- Todo plástico. Mirá como se disfrazan. ¿Alguien que mire sin grabar un tik tok?

Gritaba desde la tribuna, desencajada. Cansada.

- Así no se puede, viejo. Perdonalos. Mirá lo que son. ¡Qué pidan perdón!

Se sentía sola en un abismo de pantallitas. Recuerdos de lo que había sido ese campo, con el fulgor de la guerra. Voces afónicas. Transpiración cruzada, entre unos y otros, por medio de saltos y papelitos.

- Será que nadie va a saltar. Cabecear en área. ¡Cómo no cabecean en el área, y más si estás perdiendo!

Pero el bullicio confuso solo le devolvió incertidumbre. Y pensó entonces que era ella, que estaba vieja. Algunos pocos, sentados en lugares que valdrían fortuna, yéndose apurados, como si se estuvieran meando. Pero no iban al baño. Se irían con su importado derecho a su quinta. Ella, como iba y venía en colectivo, no lo entendía. No habría trenes, pero eso ya estaba planificado. Cómo está gente no planifica, pensaba. ¿Tan poco les cuesta la entrada? ¿Tan poco les gusta el fútbol?

- No juntan las manos. Ninguno juntó las manos. Se fueron con la cabeza alta, como haciendo todo bien. ¿Tan llena está la panza que no les importa? A ver, a todos los que estamos acá. ¿A alguno nos importa?

Pero a su lado reinaba la confusión. Cada ente en su propio mundo: uno pidiendo camisetas manchadas de derrotas, otros mandando mensajes, un grupo gritando al vacío, indignado. Algún que otro chiflido al árbitro que se va último. Vacío el estadio se ve todavia más imponente. Y los colores, a esos pibes, les quedan grandes. Parece que la camiseta los aplasta, tanto que se fueron acartonados, igual que como entraron. Parecen muñecos sin alma, corriendo sin ideas, atrás de una fortuna. Estarán demasiado cómodos.

- Y nosotros, en la tribuna, estamos muy incómodos. Pero demasiado separados. Eu, vos, ¿Cómo te llamas? No, no me interesa eso. Pero decime, ¿No pensas que nos merecemos otra cosa?

La miró apenado. Y si. La verdad que él también pensaba que se merecían otra cosa. Pero igual no pudieron hacer mucho. Discutieron, re pensaron hasta la vereda, dando mil vueltas a los errores y momentos desperdiciados. Y al final, cada cual se tuvo que volver a su casa. Al otro día se madruga.

La mañana la encontró tomando mate y dándole las mismas vueltas que la noche anterior. Entonces se preguntó, quizás, si era un virus aislado. Que afectaba solo a su amado club. Y el fin de semana siguiente fue a otro, de infiltrada. Y vió lo mismo. Con menos concurrencia, pero la misma historia. Y después a otro bien lejos. Más chico aún. Misma experiencia plastificada. Música en la previa, escupiendo desde los parlantes. Gente disfrazada con un apego tecnológico desmedido, bastante ágil en lo que a números y moneda extranjera se refiere. Pero sola, y bastante confundida.

Soledad y confusión. Individualismo de papel celofán. Mucha foto y poco grito. Nervios mal direccionados. Se habla más de lo que cuestan los jugadores que de las alegrías que les dan. Será porque ya son muy pocas. Quizás porque muchos se van afuera, cada vez más chicos y cada vez por más plata. El fútbol ya no importa, lo que importa es lo que cuesta. Con número y signo pesos. Los logros ya no pesan, solo pesan los billetes.

- Más que confirmado, que estaré vieja. - pensaba - Pero más que de edad, vieja de alma. Será que todavía tengo ilusión. La misma que a fuerza de crítica, enojo, frustración, aún termino cada domingo, mal dormida, en el mismo lugar. Oliendo el mismo pasto y palpitando los mismos nervios.

Direccionados siempre adelante, porque para atrás mucho no sirve, pero invisibles tampoco hacen nada.

Será que amo mucho. Seguramente no lo que veo enfrente hoy, pero si lo que ví en algún ayer y tengo fe de ver algún mañana.

Será que a mí lado, todavía veo fuego del pasado chispeando entre la multitud. Y en la misma cancha, aunque tenue, con el sol resplandece algún pastito. Quizás de una gambeta, de algún tiro de esquina exitoso. Algún tiro libre que se clavó en el ángulo.

Quizás somos todos nosotros, los creyentes. Será que nos gusta demasiado el fútbol.

O será que, para nosotros, es más que fútbol.

Eliana Marina

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión