La mayor parte del tiempo quiero tener la razón. Es un defecto que no podría cambiar aunque lo intentara, pero sé muy bien aceptar cuando me equivoco, sé afrontar el hecho de que las cosas no siempre serán como yo quiero.
Pero sé que las cosas pasan por algo. Soy muy creyente en el destino, y aunque también sé que puede no ser de nuestro agrado, no hay manera de escapar de el. Sé muchas cosas. He vivido otras más.
Y lo que ahora mismo estoy pensando, es que no estoy viviendo la misma situación que pasé hace dos años. Había pensado que era un mal chiste que, definitivamente, no daba risa; sin embargo, llegué a la conclusión de que es algo completamente diferente. Lo que viví con esta persona, no es lo mismo que me ocurrió en el pasado. Yo no soy la misma de hace dos años tampoco. He crecido, aunque no parezca, de verdad me doy cuenta de las cosas.
Podría haberme aferrado, porque esa es la forma en que yo amo. Tal vez esa es la forma en que pensaba que yo amaba. Es bueno aferrarse hasta cierto punto, como cuando sabes de sobra que la otra persona quiere que lo hagas. La intensidad, el furor, la pasión, son cosas que uno espera sentir cuando estás enamorado. Pero ese es el detalle también... ¿hace cuánto no me enamoro? He amado. He sentido. He llorado. ¿Y en dónde está el amor?
Yo, que tanto señalo a las personas por su incapacidad de amar... ¿sería una forma de gritar desesperada que yo también perdí mi habilidad de amar? En primer lugar, ¿qué es el amor? Lo conozco. Lo sentí. Lo dejé irse porque yo sé que, a veces, aunque uno no quiera, debemos aprender que somos efímeros en la vida de las personas. Me costó entenderlo, aún más, aceptarlo.
Y si ya no soy la misma chica de hace dos años, ahora también puedo escribir con total honestidad lo que me negaba a aceptar: las personas toman decisiones sin importar sus sentimientos.
No, no estoy minimizando el sentir de los demás, pero sí enfatizando que no importa cuánto ame a alguien, al final, es uno mismo el que decide qué hacer con esos sentimientos. Aunque la rabia se apoderó de mí por la crueldad con la que habían tratado mi corazón, mi lado más racional comprendió por qué lo hicieron. Soy así, me gusta saber por qué. Siempre quiero entenderlo.
Ahora bien, teniendo en cuenta que la vida está llena de decisiones, no puedo culpar a nadie por decidir salir de mi vida cuando para ellos parece lo más sensato. Hoy me abrazo a mí misma y me doy palmaditas en la cabeza, porque mi corazón está en paz al saber que hicimos lo que pudimos, y que, de hecho, solo hacía falta una señal para dejarnos desbordar de amor.
Pero ese podría también ser otro defecto, ¿por qué tengo que esperar a que me den permiso para sentir? Mejor dicho, ¿por qué tendría que ser un problema mi forma de amar?
Y ya que todos pueden tomar decisiones, lo haré yo también. Puedo elegir estancarme en un lugar donde ya me dijeron explícitamente que no desean mi amor o, esperar con calma a la próxima persona que, sin querer, tropiece con el hilo rosado que lo atraiga hasta llegar a mí.
Amar es algo que pasa sin que te des cuenta, pero decidir quedarte, es algo que se elige.
Y yo elijo amar a quien decida hacerlo.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión