Conviene el silencio.
Jul 13, 2024
La tontadica. Respuesta del amo BEGUERÍA.
...
Tormenta de verano.
-¿Dónde están las llaves?
-En el fondo del...
-Vete a la mierda.
-¿Tú crees que si yo tuviera las putas llaves estaría aquí velando tus sueños?
-Yo no creo nada. No me gusta creer; solo quiero saber.
-¿Saber? Te metieron aquí hace un par de horas. A mi me llevaban a comisaría porque me pillaron con una bola de... ¡Mierda! Eso no te importa.
-¿Por qué estoy detenido?
-Debes tener una imagen equivocada del servicio policial.
-Ya. No tienes ni puta idea.
-Y además, no me importa. Solo sé que desde que te dejaron aquí, dormido como un bebé, los polis han desaparecido de la escena. Y yo me estoy meando.
-Puedes mearte encima. No se notará nada; esto ya parece una pocilga.
El coche apestaba a vómitos, meados, sangre, mierda y sudor. Es una desgracia tener un olfato tan fino en determinadas circunstancias. En realidad en casi todas las circunstancias.
Ser un 'hombre nariz' es bueno para crear perfumes, pero muchas veces uno quisiera haber nacido con anosmia.
¿Qué hacía yo allí?
Intenté recordar.
'Vapor de nube', mi última inspiración estaba funcionando muy bien; las ventas, gracias a las navidades, san Valentín y la fama, habían disparado los beneficios de mi pequeña empresa y se habían multiplicado por cien en seis meses. 'Brise d'edén' iba a cotizar en bolsa.
La celebración por el trato para venderla por un dineral, se me había ido de las manos. Las cifras, el alcohol y no sé cuantas sustancias más, habían resultado mareantes.
Y hasta ahí pude aclarar mi situación.
-¿Qúe? ¿vas recordando?
-No lo suficiente.
-Pareces un tipo con posibles. Aquí estás fuera de lugar.
-¿A los ricos no los esposa la policía?
-De vez en cuando, pero no los tienen en la parte de atrás de un coche nauseabundo con otros delincuentes.
-Supongo que se debe a que soy nuevo en el gremio.
-¿Te ha tocado la lotería?
-Algo así.
El amanecer era un hecho. Un camión de riego pasó a nuestro lado mojando los cristales de las ventanillas.
Lluvia...
Sí, había llovido... cuando me echaron del garito en el que había acampado, salí a la calle y el cielo parecía haber abierto todos sus grifos. Bajo el agua, los taxis son como azucarillos en café caliente. Desaparecen.
Volví a entrar al local.
Un paraguas... eso conseguí. Y por una pasta gansa.
¿Dónde estaba el paraguas?
Es curioso que me preocupara algo tan insignificante en aquel contexto. La mente es una máquina muy rara.
No recordaba haber vuelto a salir. No bailé bajo la lluvia.
Por fin llegaron los policías.
-Oiga, ¿sabe algo de mi paraguas?
-¿Uno rojo con rayas negras?
-A mí me pareció negro con rayas rojas, pero supongo que será el mismo.
-Está bien saber que es suyo.
-¿Lo han encontrado?
-Sí, estaba bien a la vista. Clavado en el estómago de Atilano Diez solisombras.
El tal Atilano había muerto.
-¿Lo he matado yo?
-Mejor, guarde silencio.
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