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Convergencia.

Jul 30, 2026

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Una cuadra antes y por sobre la avenida se acerca el 314, entonces levanta su mano, tibiamente, a media asta. Y cuando el bondi cruza y queda a unos cuarenta metros va retirando la orden. Entonces la gravedad cumple consigo. El hombro cede, el brazo cae, la mano se guarda en el bolsillo. Y como si no fuese suficiente se esconde con los ojos en la huella de la cubierta que recubre la rueda derecha. Lo insensato no solo es verla enojada y angustiada, acobachada bajo el parasol de la parada, quejándose del pelado de mierda que no quiso dejarla subir. No. Lo insensato es que es la misma que piensa quiénes habrán llenado su ausencia, dos años después de haber dejado un trabajo. O una cursada de alguna carrera.

Llegué a la errónea conclusión del clima, que probablemente coincida la tibieza de la mano con el sol de invierno, pero fue casualidad. Caminamos hasta una placita a media cuadra, resignados a llegar tarde a ningún apuro. Se juntaron algunos pibes en la plaza. Discutían pelotudeces, que el diez de River, que la económica, que la desoxigenación de los océanos. Y sin embargo ella apoyaba su espalda en la estructura que sostenía el mástil, sin bandera, ladeando su cara hacia todas las entradas del conventillo. De cada conjunto de edificios se desprendía un pasillo angosto, que cuanto más cerca del mástil se ensanchaba hasta formar una rotonda, donde Sofía se volvía el centro. Todo grito, toda mirada, todo pájaro, gato y vagabundo terminaban convergiendo, incluso sin querer. Como una armonía natural que encontraba su sentido último justo en aquel espacio circular. Miraba todo desangrar del libre albedrío a la vez. Entonces, pasados unos diecisiete minutos emitió el primer comentario luego del episodio del colectivo:

—No, no podés decir eso. Yo sé muy bien que..

PibedeVictoria

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