Me exaspera,
la tristeza me envuelve
y no puedo salir.
¿Qué debo hacer para dejar de sentir,
para extirpar estas dolencias?
Tu silencio me hunde.
Me pregunto
Si pensás en mí,
¿Acaso fue tan fácil dejarme ir?
Yo no puedo hacerlo.
No puedo soltarte.
Hay algo familiar en tu mirada,
en la forma en la que vivís, que existís,
porque, a pesar de los problemas,
tu cuerpo se sentía como casa.
Como un hogar de la infancia.
Sentirme una niña con vos,
volver a jugar,
como esos chiquitos que alguna vez fuimos.
Llegar y acostarme entre tus brazos…
eso es lo que más extraño,
y me enerva, porque ya no lo tengo.
No puedo hablarte,
tampoco escucharte,
y hoy descubro
lo mucho que me gustaba hacerlo.
Amor, contame,
háblame de tus sueños,
yo te escucho,
mientras me desplazo en vos.
Déjame acariciarte
y decirte lo hermoso que es pertenecernos.
La ternura, la suavidad de tu voz…
ya no las encuentro.
¿A dónde voy para hallarte?
Me quema, me duele,
me desvanezco en lágrimas
por lo que fue,
por lo que ya no será.
Todo queda en una cápsula de tiempo,
cuando éramos dos tontos
que se encontraban,
que soñaban juntos.
Todavía sueño.
Sueño con ese futuro
que quedó pendiente,
un instante antes de despertar,
antes de hundirme en la tristeza,
en que nos imagino
agarrados de la mano,
mirándonos,
cómplices
de un amor real.
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