Mientras más guardes
y lo que más adyace
es tu ingenuidad,
mayor será la decepción
del encuentro fortuito
entre la clemencia y el dolor.
En tu paseo por el recuerdo,
no guardes el perdón,
inviértelo en ser el motor
de lo que te separa del color
tan sombrío que tanto oscureció.
Ya no representes la culpa,
no castigues tu propio amor,
no idealices la llanura del paraíso;
los más brillantes que conociste
fueron hechos desde la falta del sol.
Y puedo asegurarte con sencillez:
el castigo que más dolerá
es aquel que no recibirás;
pero qué aguardarás y rezarás
hasta el último aliento de esta vida.
Estás recibiendo el mensaje final,
el que tanto esperaste,
el que más ha tardado en venir,
sólo porque estuviste encerrado
en la cárcel del sinsabor.
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