No siento real esta muerte que pronuncia tu boca.
No siento real el pensar que este cráneo haya sido fracturado por tus puños tan apasionantes; cruzaste toda frontera, violaste esta ley implícita por el silencio entre nosotros.
Más no puedo evitar el sentir de un placer sensual de la sangre manchando mi prenda, la misma que alguna vez deseaste rasgar.
Me duele y siento su frío, me arrancas de a uno los dientes de la mandíbula ya hecha pedazos; bastó con un solo golpe preciso por detrás. Tanta sensualidad detrás de tu forma de asesinar: silenciosa, a traición.
Te das el último festín con un cigarrillo que queda marcado en mis carnes; su humo espeso ahoga todo nuestro rincón y mi conciencia, junto con todo mi sentir, te reclama:
"Tan solo un poco de sangre más para sentir tan vivo el sabor metálico, tan solo eso; que mutiles mi pensar y mis ideas, moldéame en tu querer y lo que no quieras, también".
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