Ella me toca el rostro y, de repente,
cinco cíclopes negros me urden el pecho,
me saluda el extranjero.
El niño se extraña,
me pregunta el porqué de mi concupiscencia
y yo le explico que el juego es la risa
y que no hay placer sin roce.
todos los días el traje, la corbata y el apetito.
¡Y el número mágico siempre es más!
agudamente triste, siempre es más.
Bajo tela de juicio todo amor es insuficiente,
no alcanza a cubrir mis necesidades, a pagarme el alquiler.
La idea, siempre la idea,
no su forma, ni su rostro o sus senos,
solo la idea.
A veces es mejor enloquecer
que llevar a cabo un gran plan maestro de conquista.
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