¿Cómo dejar de anhelar
hacer realidad el deseo que me habita
cuando tengo sobre mí tu mirar?
Mi boca calla tu nombre,
pero mi piel aún lo pronuncia.
Mis manos tiemblan por volverte a tocar,
como si en tu carne encontraran su hogar.
Nos negamos el fuego,
pero el incendio regresa,
un roce,
un susurro,
y todo vuelve a empezar.
Somos relámpagos en la misma tormenta,
nos huimos, nos negamos,
pero en la noche no hay barreras.
En mis sueños puedo tocarte sin culpa,
sos mío sin luchas.
Si el tiempo nos prohíbe,
que al menos los sueños nos concedan
lo que la realidad nos arrebata.
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