Te amo pero, el amor está sobrevalorado.
Ya no alcanza con sentirlo.
Y exigirlo parece un acto de soberbia.
Y la realidad es que uno no puede dar lo que no tiene.
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Te adoro pero, la adoración implica una cuota de humildad.
Ya no se puede ser tan iluso en los tiempos que corren.
Y los pervertidos dirán que les falta apoyo.
Y en realidad quieren ser vistos para sentir que existen.
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Te necesito pero, más me necesito a mí.
Ya cumplí mi condena, ya pagué mis deudas.
Y no hay peores cadenas que las que se pone uno mismo.
Y nunca nadie te va a rescatar de nada.
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Te admiro pero, lo hago desde afuera.
Ya no puedo aplaudirte desde adentro de la caja.
Y hacer de cuenta que mi luz no te enceguece.
Y que eso te da un poco de dolorosa rabia.
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Te extraño pero, es extraño.
Ya no sé si querría volver al pasado.
Y si lo pienso un buen rato, ya sé la respuesta.
Y nunca se trató de una cuestión de tiempo.
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Te detesto pero, no es tan cierto.
Ya hace casi quince cuadras que se te ve caminar medio rengo.
Y vivís echándole la culpa a medio mundo.
Y vas a morir pensando que llegas tarde a todos lados.
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Te respeto pero, es como una bomba de tiempo.
Ya sabremos cuál es la palabra o el botón que la activa.
Y vamos caminando como en un campo minado.
Y cuando alguna explote, veremos quién quedó más desfigurado.
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Te entiendo pero, quisiera no hacerlo.
Ya entiendo la psicología inversa del autoboicot.
Y puedo escribir un libro entero sobre eso.
Y estoy segura de que jamás lo leerías.
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Te envidio pero, admitirlo sería darle la razón un hombre.
Ya leí yo suficiente sobre eso de "la envidia al falo".
Y sentí náuseas y maldije su apellido.
Y mirá como son las cosas que ahora todo tiene sentido.
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Te aconsejo pero, la opinión no pedida es una barrera.
Ya todos sabemos que yo hablo en arameo.
Y nunca logré contratar un traductor.
Y vos no tenés presupuesto para los subtítulos.
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Te bendigo pero, es tal mi poder que creerías que te maldigo.
Ya se olfatea a leguas tu escepticismo.
Y yo soy más de creer para ver.
Y vos sos más de no creer ni ver.
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Te someto pero, me gana la benevolencia todavía.
Ya quisieran verme pinchando tu muñeco.
Y hacer pociones con tu cabello mezclado en el caldero.
Y si despertaras siendo un sapo, yo sería la culpable de tus fracasos.
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Te olvido pero, si lo hago también me olvido de mí.
Ya habrán otros vivos que oficiarán de olvido.
Y te agradeceremos por la cobardía.
Y por el coraje que hay que tener para despreciar así la vida.
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