La colilla de cigarrillo
mide lo mismo que una bala,
lo supiste una noche de excesos
con tu licor y mi charla.
Pocas veces he fumado,
no produce un efecto en mí.
Pero consumí ese veneno,
durante tus besos de abril.
La colilla de un cigarrillo
mide lo mismo que una bala,
diferentes en tiempo y letalidad,
pero al final de cuentas matan.
¿Qué mata en mí?
¿Qué mato en ella?
¿Quién muere primero?
Si al final morimos los dos,
consumidos en tu infierno
con cenizas que agonizan
incrustadas en mis huesos.
¡Me hubiera matado nomás!
El cigarrillo o la bala…
Nunca tan hirientes
como el filo en tus palabras.
Que me recordaron lo que no supimos ser,
que me hicieron no volverte a creer,
que me perforaron los ojos,
y no te pude volver a ver…
Tampoco quise hacerlo
porque si me voy nunca vuelvo,
vos lo sabés y aun así intentamos
un último encuentro.
Pero no pasó, ni va a pasar
ya no miro para atrás,
deberías hacer lo mismo
nada se puede arreglar.
Porque a veces huir asustada
solo te convierte en la mala
pero no me importa serlo,
si me fui para no perder mis alas.

Agustina Ailin Mardones.
Columna digital gratuita, pase a ver sin compromiso. Escribo desde Misiones, Argentina.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión