me rasguña la sien una pregunta.
no siento los latidos, algo más falta;
la seguridad, el conformismo de ser yo
y que nadie más te pinte los mofletes.
es decir, en mí no hay duda que se aloje.
una, tal vez, que me contornea la cintura
cuando veo tu huella en carnes que gritan
y agitan, que obligan a detenerte, admirar.
avivan los ojos que poseo pero no llevo puestos.
me obliga a sentarme curva,
desprenderme de la sonrisa distante
que me deforma el sentido de perfección
apenas atisbo en el espejo mi gruesa figura.
ni yo estaría segura, si calzara tu voz, digo.
llevo por corazón una triste y crecida raíz
que se esconde de la lluvia, para no crecer.
para no ser. para no arrepentirse de vivir.
¿estás seguro?
mañana un deja vú va a visitar mi cuarto,
a limpiar el desorden que manchó una ilusión rota
y llevarse las sobras de mi autoestima errante.
mañana, pasado, el mes que entra,
quizá, también, antes de ser suficiente en algún lado.
o hasta que me consuma preguntar,
por miedo a que con facilidad me sueltes por ser yo misma.
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