En mi mente guardé una cajita,
una cajita con dos palabras,
una cajita con catorce llaves,
una llave por cada mes,
una por cada vez que casi se me salen de los ojos.
Unas palabras que quieren salirse,
se escapan de mi cuerpo,
recorren mi garganta,
gritan, pero no se oyen,
porque yo las encerré.
No quiero que salgan,
que nadie sepa,
que nadie escuche,
ni siquiera vos.
Esas dos palabras
se sienten sagradas cuando me tocás.
Una vez las dejé salir,
las libré a la suerte,
mala suerte.
Prefiero su prisión
y mi fortuna, que sos vos.
Temo una maldición
y las escondo.
Aprieto mis labios
para que no se escapen,
aunque las siento adentro mío,
tan fuerte como tus latidos.
Las quiero pegar en tu cuerpo
como un tatuaje secreto.
Siento terror
por una posible maldición,
por la experiencia
de dejarlas salir
y que te las lleves con vos.
Que se peguen en tu ego
y no en tu corazón.
Y entonces corras,
creyéndote mejor,
superior por tener las palabras
que guardo en mi corazón.
Se me escurren en la piel cuando leés.
Me derrito si me ves.
Quiero decirte
y soy cobarde.
Estas palabras tramposas
se escapan
y aparecen en el tiempo que vuela
cuando estamos juntos.
Se mezclan en tu piel y en la mía,
se sirven en lo delicioso
que ponés en mi boca.
Y si te las doy,
ya no las tendría para mí.
Y si te digo que te amo,
me aterra que se me borren
mis 'me amo'.
Y me pierdo
en el laberinto
de mi intensidad incomprendida e incontrolable,
que está en la misma caja,
encerrada,
sufriendo por no poder dejarla enloquecer.
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