desde que un espíritu supo dar calor a mi piel mis uñas dejaron de crecer
pero aunque mis dientes digan mordiendo, quizá una caricia haga que se escondan
sus vendas de momia resguardan calidez y miel
apaciguan mi hiel, ella es valiente
pero ¿y él?
por las noches recuerda cómo hablar pero no encuentra sábanas donde reposar
tan solo una mano y sus pliegues palmares
practicá quiromancia y marcame el camino a tus brazos con piedras
que bien dijo un desahuciado, si el destino es claro todas sus piedras serán preciosas
suavizaste mis filos con calma y lentitud y eso me empujó a agraviarte
quizá era ese el punto y tenías razón, ir hoy más lento que ayer
es veintisiete y ya no muerdo, pero ladro fuerte y brusco
el miedo me somete sin hacerme esclavo y pone clavos en mis palmas como en las de aquel santo
ignoran los agnósticos que en su figura de cruz se forma también la silueta de aquel que espera un abrazo.
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