Ganas no faltaron, sobraron.
fueron en exceso.
Exceso de un deseo mal dirigido,
silencios que parecían ser cómodos,
y verdades que se iban posponiendo.
No creo que hayamos fallado en el intendo,
fallamos en la claridad.
Si las cosas no se dicen desde el inicio,
no crecen,
se deforman.
Yo hice más de lo que me tocaba,
más de lo prudente,
mas de lo justo para alguien
que nunca estuvo libre
aunque actuara como si lo estuviera.
No se puede rescatar
lo que nunca tuvo un futuro,
y seguir buscandolo,
es insistirle a una pared,
que se convierta en puerta.
Y si esto duele no es porque haya faltado algo,
sino porque sobró,
sobró deseo,
sobró entrega,
donde no habia un espacio honesto.
Hubo amor, al menos de mi parte,
pero más hubo deseo sin control,
sin estructura,
intensidad sin responsabilidad.
Y cuando no hay claridad,
la ilusión se vuelve un autoengaño.
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