Déjame descansar en esa cama sin color.
Que alguien tome de mi brazo y me dirija adonde voy.
Que me vista de azul, como el cielo de afuera, que se esconde si me acerco yo.
Que el agua sea dulce y recorra mis venas supliendo lo que el tiempo me quitó.
Me gustan las flores, así que no me niegues eso hoy.
Quiero que me alimenten aquellos pétalos rosas, hasta que los ojos se cierren en un delicado sopor.
Que alguien se ocupe de mi corazón, que lea sus trazos detenidamente y me explique por qué algunas curvas simulan tu voz.
Que no me dejen morir de frío esta noche, ni que mi cuerpo queme tratando de expulsar lo que tengo en mi interior.
Aun así, no quiero que toques mi pecho si uno de estos días se queda inmóvil, sin anticipación.
Pero por ahora, no te olvides de verificar mi respiración, aún la brisa de otoño me llama y me pide que la recuerde con amor.
Mañana a primera hora estaré lista para mi transformación.
Diles: Que a cielo abierto, es mejor.
Que una vez ya me dañó el sol. Que puedo soportarlo, porque si hay música, es mejor.
Que exploren con detención cada parte, cada región.
Cada mirada incrustada en mis pupilas con esperanza o con desesperación.
Cada herida que mi piel padeció. Cultiven mis lágrimas y hallen su razón.
Que se aseguren de encontrar la causa. Y que, al despertar, haya alguna respuesta.
Una solución.
Que no se queden expectantes ante mi recuperación.
Déjenme una lista de indicaciones, alguna receta para atravesar mis días, y sean sinceros si no,
si no sobreviviré si dejo mi vida a libre evolución.
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