Los atardeceres, para mí:
Son el puente que me une con mi niño interior.
De pequeño, los veranos siempre significaban felicidad.
Viajaba con mi hermana a San Martín Texmelucan cada verano, a la feria y las fiestas patronales sin saberlo fui guardando en el corazón cada paisaje de las carreteras de puebla.
Los atardeceres son sinónimo de felicida, el verano también es el mes de mi cumpleaños, y aprendí que un viaje en carretera casi siempre me llevaba a un lugar feliz.
Mi hermana es mi lugar seguro, y a su lado transcurrió gran parte de mi infancia.
Recuerdo que, al regresar de los balnearios, tomábamos la carretera alrededor de las seis de la tarde, los atardeceres y los amaneceres, con esos cielos naranjas y despejados, parecían eternos.
Eran momentos sencillos, pero hoy los recuerdo como algunos de los más hermosos de mi vida.
Ahora estoy lejos de casa y los extraño todos los días, veces pienso que mi familia habita en cada atardecer y en cada amanecer que contemplo tal vez por eso, cada vez que el cielo se vuelve naranja, siento que, por un instante, vuelvo a casa.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

-3.11.48 p.m.-reduced-FDZpGi.png)
Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión