San Telmo
y Plaza de Mayo
se volvieron un lugar imposible.
A veces camino
y regresan
tus mejillas rojas por el frío,
tu mano —apenas transpirada—
buscando la mía.
Me perdía en tu perfume.
Me arrastraba tu historia.
Y por un instante
creí haber tocado el cielo.
Después
todo siguió.
Todo
Menos yo.
Cambié horarios,
amigos,
rutinas,
trabajo.
Y constantemente ensayo una sonrisa
para esconder
la angustia de mis ojos.
Sé que no te importa.
Sé que no te importo.
Tal vez,
cuando ves flores —esas que me comprabas—
te acordás vagamente de mí.
Tal vez cuando caminás por la 9 de Julio.
O cuando aparece un 333:
nuestra pequeña superstición,
la excusa perfecta
para besarnos en plena vereda.
Yo no tuve esa suerte.
Porque todavía llevo
una parte de tu historia:
la anécdota de tu papá con el Fitito,
tu perro guardián,
y ese lugar en Lanús
donde te gusta merendar.
Entonces entendí, mi amor:
después de vos
ya no existe
otro cielo.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión