14 de Septiembre, 2025
Estado: agotado. Burnout inminente. Fotofobia moderada. Sobrecarga sensorial posible.
Contingencia: precursores de neurotransmisores. Fenilalanina. Analgésicos para dolor corporal. Aislamiento sonoro. Reducción de contacto con estímulos y desencadenantes.
Podría dormir mil años y despertarme cansado. Sylvia Plath tenía razón cuando decía que todos los días hay que desenterrarse. El sol brilla bastante fuerte. Debo mantener los ojos entrecerrados a pesar de llevar puesta la boina. Mirada de vaquero en un western.
Estoy esperando el colectivo. La gente habla normal pero me suena fuerte. Las charlas se superponen como las capas geológicas. A la persona que está delante de mí le hackearon la cuenta de la billetera virtual. Detrás, el tema del día es la infiabilidad de los horarios del colectivo. A unos cinco metros, a mis nueve en punto, una pareja joven habla de manera enternecedora.
Por encima, hace eco el aleteo de las palomas y su canto de baja frecuencia. Indeseables para muchos, las mal llamadas "ratas del aire" siempre me parecieron elegantes y dulces. Están anidando a pesar de que lo hacen muy mal -producto de la intervención del humano cuando eran utilizadas como mascota o servicio de mensajería- siempre me alegra ver esa iridiscencia que se produce cuando el sol brilla sobre su plumaje. Son portadoras de belleza aunque la gente las desprecie. Quizás me estoy proyectando de nuevo.
Observo la bolsa del supermercado. Abro el paquete de la tableta de chocolate. Lo compré porque lo vi en oferta, leí los ingredientes y resultó ser accidentalmente vegano, así que puedo consumirlo. Lo devoré por completo. Toda la tableta.
Automáticamente surge una culpa religiosa. Llevaba casi 2 meses sin consumir azúcar. Siento cada partícula superponerse entre las encías y sobre mis dientes. Siento las costuras de la ropa en las axilas y el estómago. La campera que llevo aprieta como camisa de fuerza. Pero basta de dismorfia. El chocolate tiene fenilalanina. Y a pesar de que sé cómo funciona el cuerpo y que no se metaboliza instantáneamente, también sé que se puede negociar con la mente en algunas cosas.
La tableta de chocolate investida de sentido, consumida como acto simbólico es un efecto placebo. Como la comunión o la Santa Cena. Un paracetamol para el alma. Mejoró mi humor.
La culpa no es lo único que se puede tomar prestado de la religión. Como Prometeo y Sísifo yo también le robé a los dioses.
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