Desentierro tumbas
sin pedir permiso.
No se preocupen, no profano más
que las mías.
Lo hago como un rito para que
mis versiones pasadas me abran
camino y me guíen
hacia quien aún
no consigo ser.
Me paro en el centro del cementerio,
abro mi cuaderno y recito:
Soy energía creadora, convierto lo que toco en amor y mi tiempo está hecho de paz.
Siento un viento sur
soplar en mi nuca.
Luego, me caigo frente
a una nueva tumba.
Mis rodillas se
clavan frente
a la lápida "2025".
Me duele el pecho,
lloro,
me miro las manos
llenas de tierra.
Con las uñas negras
y la mente nublada
vuelvo al recuerdo de
anoche.
2:35 a.m., el impulso hacia el patio,
la pala rompiendo el
suelo hasta
lograr el hueco exacto
para un cuerpo de
un metro sesenta.
Ahora lo
recuerdo
todo.
Doy una bocanada de aire y
me giro,
dándole la espalda al
pozo.
Cruzo los brazos
sobre el pecho y
me dejo caer hacia atrás.
Hoy dejo morir a mi yo de este año.
Espero a que el viento sur
vuelva a poner la tierra en su lugar.
Que la lluvia riegue mi barro.
Que los gusanos se alimeten de mi carne.
Y volver a nacer.
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Iv
Si paso por acá es para declarar mis eternas bitácoras: de mi mente, mi rutina, mi vida. Dejar un… ¿Registro? Veremos qué sale.
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