Camino hacia tu puerta,
finjo tener una casualidad para volverte a ver.
La luz y la sombra cubren tu figura,
me ves con duda, siempre me ves de ese modo.
¿Es más que una casualidad?
No creo que haya sido destino
que siempre nuestras miradas se busquen,
que mi corazón tiemble al estar contigo.
Y aun así, me quedo,
detenida entre el impulso y el miedo,
inventando excusas que pronuncien tu nombre.
Porque hay algo en ti
que no sé nombrar,
pero me persigue en silencio
cuando ya no estás.
Tal vez no sea el destino,
ni una historia escrita en estrellas,
pero dime
¿por qué siempre regreso
al mismo lugar donde estás tú?
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