“Extraña y linda sensación, ¿no?"
Palabras de quien conoció el suplicio
de vivir en calles de tierra.
Del pibe que viene de escuelas
tapadas de agua por los diluvios
que inundan el Morales.
Tierra de largas esperas,
de viajes interminables,
luchando por un asiento en el bondi.
De inmorales que, sin dolor ajeno,
le arrebatan hasta la vida
a quien intenta salir de la mugre.
De corruptos incompetentes
que prefieren el bienestar
de unos pocos malnacidos.
De las basuras en las esquinas,
de calles que cuentan
lo duro que es no poder salir
a comprar de noche.
Peleas incansables
en el furgón del Belgrano Sur
yendo a visitar a tu amigo en Lugano.
La velocidad insuperable del 620
sobre la Ruta 3,
volviendo del laburo
en la loma del orto.
La vez que te quedaste dormido
y te bajaste en vaya a saber dónde,
mirando cómo volver a casa.
Y después te das cuenta
de que dormiste tanto
que terminaste en otra provincia.
Lejos de mamá, de papá
y de las calles inundadas
camino a la casa de tu abuela.
Y vivís, ves, crecés
y nunca te diste cuenta de todo eso.
Y volvés.
Y no lo entendés.
Simplemente dejás
que todo siga su rumbo.
Entonces entendés
que seguís siendo eso,
que seguís siendo vos.
Es raro volver a casa
después de tanto tiempo lejos.
Siempre encontrás un camino distinto,
y capaz te perdés,
pero es imposible olvidarte
de cómo llegar del 29 a tu casa.
Porque uno siempre recuerda
el camino a casa.
Eso sí…
que no sea tan tarde.
A veces son muy injustos
con los que alguna vez
nos quedamos viéndolos crecer.”
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