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Carta I. ¿Cómo volver a existir?

Pao

Jul 20, 2026

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El viernes pensé que iba a morir. No fue una exageración ni una posibilidad lejana. Fue una certeza.

Tomé un carro por aplicación. El conductor iba borracho. Saltaba entre los carros como si la avenida fuera solo una línea recta y no un lugar lleno de personas. Donde el límite era de sesenta, él iba al doble. Hubo una primera vez en la que casi chocamos. Apenas la recuerdo; mi mente decidió esconder ese momento en algún lugar al que todavía no puedo entrar. La segunda fue distinta.

Se le metió a un camión de carga,recuerdo el sonido del claxon,recuerdo pensar que hasta ahí llegaba y recuerdo algo que todavía me pesa admitir: dejé de luchar.

No hubo un último intento por convencerme de que todo estaría bien. No hubo una voz diciéndome que iba a salir de esa. Solo hubo una calma extraña, una resignación silenciosa. En esos cinco segundos acepté que iba a dejar de existir.Y después...Nada

Llegue a mi casa,abrí la puerta, me sente en el sillón. No podía creer que aun continuaba con vida. Todo era demasiado normal para alguien que unos minutos antes ya se había despedido. Las paredes seguían ahí. Mi cama seguía ahí. Mi ropa seguía donde la había dejado. El mundo no parecía entender que yo ya había aceptado irme de él. ¿Cómo se vuelve a vivir después de haber aceptado la muerte?

Al día siguiente murió un familiar. La pregunta cambió de forma: ¿Debí haber sido yo? No porque quiera morir, no porque crea que las vidas puedan cambiarse unas por otras. Sino porque no entiendo por qué sigo aquí cuando durante unos segundos estuve completamente convencida de que ya no iba a estar.

Desde entonces empecé a mirarme distinto. Pensé en todo lo que esperaba de mí cuando imaginaba mi vida adulta. Creía que a estas alturas ya sabría quién soy,que tendría un rumbo, que me sentiría orgullosa de la persona en la que me convertí.

Y, en cambio, me descubrí sintiéndome irrelevante. Como si hubiera pasado demasiado tiempo esperando convertirme en alguien extraordinaria y al final solo hubiera aprendido a sobrevivir.

Yo quisiera creer todo lo bueno que han dicho sobre mi alguna vez. Pero cuando me quedo sola, me cuesta reconocer a esa persona de la que hablan. A veces pienso que no soy tan buena como creen. Que simplemente aprendí a esconder el cansancio.

No quiero contárselo a nadie, por eso escribo esto.

La única persona con la que siento que podría hablar de esto es a la persona que amo. Y, aun así, dudo. No porque me falte amor hacia ella. Todo lo contrario. La amo tanto que muchas veces prefiero guardar mis propios miedos para seguir siendo un lugar seguro para ella.

Pero últimamente no dejo de preguntarme algo. ¿Quién sostiene a quien siempre intenta sostener? Tal vez por eso me siento tan cansada. No solo sobreviví a un accidente, también sobrevivo todos los días al peso de fingir que todo volvió a ser igual. Y no lo es.

Desde ese viernes el futuro dejó de sentirse como una promesa.Ahora apenas logro pensar en mañana. Ni siquiera sé qué voy a comer,no sé qué voy a hacer con mi vida, no sé quién voy a ser dentro de un año. Y, si soy completamente honesta, tampoco sé quién soy hoy.

Lo único que sé es que hay una versión de mí que sigue sentada en ese coche. La imagino mirando por la ventana, escuchando el claxon, convencida de que esos eran sus últimos segundos. Quizá por eso todo se siente tan ajeno. Porque una parte de mí nunca regresó a casa, y yo, que si regrese, intento descubrir qué se supone que debo hacer con una vida que ya había aprendido a soltar.

Pao

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