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carta a un poeta.

Espiral

May 15, 2026

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poeta, comienzo la unión de estas letras desparramadas con cierta vergüenza, pues tú te encuentras lejos... allá en la poca libertad de ese país, al cual llegas como única bandera junto a tu escandalosa risa, esa que ante mí se abrió a mis recién 18 años, poeta.

¿lo recuerdas? yo no sabía nada de la vida, sin embargo, por un azar destinado fuimos acercándonos, primero te vi volando por isla negra en aquella bicicleta, que jamás imaginé que dejarías... mira que curiosa es la vida, ahora son tus pies los únicos que te anidan en la exquisita locura.

tú me observaste como un sereno cóndor y lo mismo hice yo, pensando que sería esa la única vez de presenciar el milagro de tus ojos adormecidos, y yo testaruda me negué.

es por eso que la mar nos volvía a juntar esa tarde, en la que me hacías reír como nadie, en la que un hombre cuyo nombre no recuerdo volaba como pájaro sobre la tela. dentro de mí todo se movía, poeta... todo saltaba ante el éxito de mi sed por ti, por verte otra vez y de cerca.

tus ojos se saciaron de los míos y de su silencio, es que yo no quería estar con esa gente a la cual no comprendía, poeta, yo sólo quería estarme con usted. yo sólo lo escuchaba a usted.

al momento de marchar, intercambiamos nuestro contacto con el falso pretexto de mi bajo y de la música... que inteligentes fuimos, los dos sabíamos que era para volver a encontrarnos. esa tarde me regocije en felicidad y excitación.

no recuerdo a gran detalle el próximo encuentro, sólo que usted cantó el reloj y otro bolero en la casa abandonada de neruda... y el mar nuevamente nos acogía como amantes, así mismo el sol. había más gente, pero a mí sólo me bastaba usted (como siempre).

y lo que más se repite... aquella noche en donde hiciste de mi cuerpo tu alimento, acostados sobre la arena, la luna mirándonos con una sonrisa invisible y pícara. la primera noche en la que probé tus labios, noche en la que supiste justo cómo y dónde tocarme, cómo despertar mis gemidos que antes sólo habían nacido de forma forzada. es entonces que morí ante tu voluntad, ante la idea de que hicieras lo que quisieras conmigo, aunque aquello luego se convirtiera en una condena. condena que por años me hizo traicionar a otros, ¿lo recuerdas, poeta? usted me llamaba y yo lo dejaba todo, todo.

cómo olvidar la culpa que al mismo tiempo se incendiaba con mi pasión por ti, por tu voz, tus ojos, tus labios y tus brazos... es que, eras tú quien me cargaba sin yo pedirlo, quien mientras me hacía el amor me hizo mirarme al espejo, quien repetía una y otra vez; preciosa. preciosa. preciosa.

y yo, inundada por tu sexo, obsesionada por tu alma animal no hallaba jamás forma de escaparte. no existía más que la rendición a tu lado.

no olvidaré aquellas papas cocidas que comimos en el terreno que te tomaste, así como lo reacio que te mostrabas a darme la mano en público, pues así como me amabas, me desarmabas. pero a mí nunca me interesó tanto.

si usted me pedía grandeza, yo podía volverme el mismo universo, poeta. es así como una ama cuando es cabra chica.

tantos años pasaron amándonos, sin jamás llegar a concluir en algo, ¿recuerda cuando iba escondido a mi pieza? de madrugada llegabas, me amabas y apenas saliera el sol marchabas. yo me levantaba feliz, ligera como una mariposa, aunque siempre triste por la obligación de dejarte ir.

y ahora, aún en la vida del otro, con 21 años observo aquella locura y desprendimiento que alguna vez tanto me hizo sufrir, pero esta vez con un amor inigualable, libre como aquel caballo que vimos luego de hacer el amor en el humedal.

eres feliz, poeta, lo veo en la distancia de tu sonrisa, en las travesías que publicas. aunque espero algún día, que usted me diga: "¡voy en camino, en bus hacia santiago de chile! para amarte de nuevo, una vez más". tan solo una vez más, poeta. verte borracho y yo sedienta. hacer el amor antes de que mi cuerpo ya más no me lo permita. que me cante un bolero y yo soñar con ser su mujer. ser niña de nuevo y usted mi inalcanzable pero bello e interminable destino. escuchar silvio rodriguez y abrazarnos acostados para dormir luego de tomar té.

Espiral

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