10 de octubre de 2023,
Papá,
Lamento que te hayas ido a la finca sin despedirnos. Lamento aún más lo que siento hacia ti en este momento.
Al inicio me puso muy triste saber que te irías de casa y, a pesar de la tristeza por tu partida y de llorarte por semanas, dentro de mí alumbraba la esperanza de que tú estabas tomando las decisiones necesarias para construir tu felicidad, y eso ya era suficiente para mí. Me daba consuelo pensar que, con el tiempo, tu decisión nos llevaría a una mejor versión a todos y todas, en especial a ti y a mamá.
Escuchar tus palabras me permitió darme cuenta de que tú pedías más para tu vida y que esta familia te estaba pesando después de tantos años de trabajar por ella. En ese momento pensé que tus palabras eran sinceras y que tu búsqueda de libertad era más grande que tu miedo al cambio; que tu intención de cuidar a mamá era real y que tu amor por ella era lo suficientemente grande como para soltarla y no hacerla infeliz. Con esta decisión te di todo mi respaldo y apoyo, y te ofrecí mi compañía en tu nuevo camino personal. En paralelo, te entregué mi espacio más preciado: te ofrendé mi cuarto para que tú pudieras tener dónde refugiarte en estos días difíciles. Te entregué mi espacio seguro con todo el amor, mientras tú buscabas tu nuevo hogar.
Crecí reconociendo que en el matrimonio de papá y mamá podían existir temporadas de crisis; sin embargo, esas crisis nunca antes nos llevaron a la ruptura en la que hoy nos encontramos. No pensé que este día llegaría ni que yo fuese a quedar tan involucrada.
Así que, en el momento en que regresas a casa y me das a entender que te arrepientes y que ya no te quieres ir, dentro de mí se gesta un sentimiento del que, a pesar de todo esfuerzo personal, no me he podido despojar. No puedo ocultar, enterrar o hacer como si no sintiera nada; como si después de días y noches de llorarte nunca te hubieses ido, como si después de días y noches de ver a mamá desvanecerse la buscaras como si nada.
Lo que siempre busco es ser sincera en todas mis formas y con todos los seres que quiero y me quieren, y quizás por eso te disgustan tantas cosas de mí. Ten la certeza de que cuando te hablo lo hago desde mi verdad y no me escudo en otros discursos que no sean míos. Así que soy sincera y te manifiesto que en este momento me habita un sentimiento de rabia contigo. No entiendo cómo es que, después de decirnos que hace meses vienes pensando tu decisión, en unos días te arrepientes de ella e ignoras todo lo que hemos tenido que gestionar entre nosotros y nosotras para seguir adelante con esta decisión. No se le puede decir a la familia que se está cansado de ella y después volver como si nada. No se puede fracturar un tejido y reconstruirlo sin trabajarlo. Estos lazos que nos unen están débiles, están vulnerables, están frágiles, y hay que trabajarlos para volverlos a juntar.
Me duele que una de las razones que pusiste sobre la mesa al separarte fuese que no te gusta lo que hago con mi vida. Me duele que me uses como una inconformidad de tu matrimonio. Me duele que tu miedo por nuestras diferencias pueda afectar tanto nuestro vínculo, que ese miedo pase por encima de nuestro amor. Me duele pensar que la única forma en que estarás orgulloso de mí será cuando yo adopte tu misma forma. Me duele pensar que la única salida que encontraste para que yo hiciera lo que tú querías fuera llevarme al límite con tu decisión de irte.
De manera que, al encontrarte acostado en la cama de mamá, en la cama en la que yo estoy durmiendo hace días, en el cuarto en el que yo estoy de paso, en el lugar al que tú me llevaste, me hace sorprenderme y me hace sentir que te burlas de esta casa con tus cambios de opinión. Me hace pensar que rompes el respeto a ese espacio que yo estoy habitando con mamá y que abusas de la confianza que nos tenemos.
Te pido que no pretendas que no ha pasado nada. Te pido, por lo menos, saber por qué ahora sí quieres regresar a esta casa. Te pido que empatices con el duelo que nosotras hemos hecho y, sobre todo, te pido que no pretendas regresar a la normalidad.
Yo no voy a interceder en la decisión de mamá; esa es la vida de ustedes. Pero mientras yo viva con mamá y Marco, te pido que tengas la delicadeza de analizar cómo tus acciones también repercuten en mí y que no obliguemos a mamá a tener que decidir entre tú y yo. Te pido que te des el tiempo para ver de lejos el hogar que tienes, para valorarlo, y te pido tiempo para yo sanar tu decisión.
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