Querida madre:
Es de tu conocimiento que mí estadía en esta ciudad marítima se ha extendido. Mas me encuentro en el reparo de la soledad y, aunque existe cierta satisfacción en la quietud y el silencio, me temo que cada minuto solo es una prueba de fuego.
El dolor es más dolor, el silencio es más silencio y la tristeza es más tristeza. Porque cuando estamos solos la hostilidad del mundo nos pone a prueba, nos desgasta y nos propone resolver nuestra propia supervivencia. Somos responsables de nosotros mismos, en todo sentido. Y, eso, es avasallante a veces.
Por eso, y sé que vos sabés, me gusta el desafío de encontrarme en el despertar de la soledad, a pesar de que en ese encuentro me cruce de frente a mis miedos, mis inseguridades y mis angustias. Y, eso, seguro que siempre moviliza… seguro que siempre moviliza.
Me encuentro escribiéndole esta carta desde la terminal, querida madre. Aquí, donde confluyen realidades. Donde la gente está atenta, alerta, expectante: lejos de la calma del mar, lejos de la profundidad de los acantilados, lejos de la templanza de la playa. Y, me pregunto madre: ¿ellos sentirán lo mismo? ¿Ellos pensarán lo mismo en este mundo de personas aisladas hiper conectadas? No quiero distraerme con las tribulaciones del mundo... No obstante, siento necesario decirte, madre, que mí destino está lejos de los negocios familiares. He vivido siempre más cercano a la nona Isabel que con sus tonadas y sus flamantes rimas enamoraba mí corazón, siento que ese es un destino noble de esgrimir.
Querida madre, este ha sido, sin dudas, un destino revelador. Pues, me he encontrado más de una vez en retrospectiva de mí vida, y eso ha sido determinantemente angustiante, aunque revelador.
Casi todos los días de esta semana me he encontrado sollozando por mí propia fragilidad. Pero cada día me levanté y cada día resolví las inquisiciones y desafíos del tiempo. Mas, a pesar de sentirme solo, hubieron muchas buenas compañías.
Querida madre, la vida es un regalo y ha sido una oportunidad divina.
Atte, tu hijo querido.
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Elías Brizuela
Escritor, periodista y fotógrafo. 28. Me dedico a la comunicación pero escribo por la necesidad de mi alma por contar las otras historias, los otros sentimientos.
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