Abstinencia querida, en mi mente persistes,
entre el deseo y la culpa mi alma resiste.
En tus brazos me pierdo, ilusión que me embiste,
en las sombras del placer cualquier integridad desvistes.
Hola abstinencia querida, deseo que no deseo,
te veo a diario en mi vida como libertad de reo,
preso de la necesidad de arroparme en tu velo,
sos como un galardón que no gané ni merezco.
Pero sobre merecer hablamos más adelante,
ahora solo anhelo por fin poder explicarte,
que el placer que vos me das elimina la ilusión
de que soy el capitán de esta embarcación,
que cada vez que te veo lo único que exigís
es que renuncie a mí mismo y en tus brazos claudique,
con la vana promesa de que va a ser la última vez,
con el temor palpitante de ya no volverte a ver.
y me resulta ambiguo analizar lo expuesto,
si me dominás como a un niño enamorado
que hoy es abofeteado y mañana espera un beso,
como un látigo de rosas que acaricia hasta el hueso.
Y así me paso los días bajo el engaño constante
de que sos mía y te tengo hasta que te vas nuevamente,
y en ese mismo momento al observarte de lejos
es cuando la puta razón me da su sabio consejo,
me dice que no sos mía que solo sos un reflejo
de un capricho anodino que me consume por dentro,
y dudando de esa perra otra vez voy a buscarte
en cualquiera de tus nombres ansioso por encontrarte.
Ahora en cuanto a merecer me pregunto que amerito,
si al verte por primera vez creí estar en un sueño
ignorando la advertencia del engaño que resulta
el recostarse en tu seno.
Entonces esto es mi culpa por caer en la tentación?
Sería muy infantil el culparte por ese error.
Obtuve lo que buscaba al correr tras tu fragancia
y miento al creer injusto el estoque de tu espada.
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