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Carta a Córdoba

Jun 29, 2026

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Carta a Córdoba
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A usted

Porque ni siquiera me atrevo a usar la palabra querida, ya que jamás la podría llegar a querer. Vengo a pedir algo sencillo: desentiéndase de mí, de pensar que somos la misma porque amamos de manera visceral, casi llegando a desear comernos el corazón de alguien, porque para serle honesta, jamás usted llegará a ser un poco de lo que soy yo; de las dos, soy la única que sabe lo que es el amor, y amar, por supuesto, en libertad, sin cadenas, sin actos para domesticar o adueñarnos del ser amado.

Desconozco si este lenguaje sea capaz de cruzar la cordillera de los Andes y llegar a Córdoba, sin embargo, de ser capaz, espero que se le claven mis palabras tan profundo en el corazón que la próxima vez que se atreva a usar las letras para hablar de mí, una gota de sudor frío le corra por la frente y sienta que el alma se le va escapando de las manos ante cada sílaba. Yo, de este lado, no voy a procurar jamás serle tierna, pues para ganarse mi ternura hay que primero aprender a conocerme, y usted menos que menos fue capaz de hacerlo, por eso no me interesa ser hostil. Mi deseo no es burlarme de su persona, sino defender la mía.

No necesito de su compasión, de su piedad, ¿usted piensa que me sirve? De nada sirve. Ha osado pedirme clemencia, diciendo que es una gata herida, pero soy yo quien se compadece de usted y su manera de actuar, de vivir. Ha osado de hablar de zonas que no le corresponden a nadie más que a mí. No son golondrinas las que hoy le escriben, son unas garras de lechuza y unos colmillos de fiera quienes se plantan en esta trinchera a protegerme, quemando la bandera blanca que plantó en mi lado de la Cordillera. Son mis lechuzas cazadoras de mujeres fatalistas, jamás de amores prestados. El amor no es algo que se presta, es algo que se construye cual puente, porque un puente no se sostiene de un solo lado, ¿no lo leyó todavía en Rayuela?

Le falta mucho todavía para comprender la libertad. Desentiéndase de la piedad, usted no me debe piedad, sino respeto.

Jamás a la par,

que para eso tengo otras aves.

dama de otoño

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