Cuando el alma
se ciñe a un patrón
carece de libertad,
del sentido patriótico
de ser quien debe ser.
Pierde la razón,
deja los sueños en el camino
y olvida cuánto quiso
mientras tuvo libre albedrío.
Se encarcela en una cárcel
de barrotes invisibles,
con el juicio previsible
y la sentencia a declarar.
Y aún alberga la esperanza de,
en un sistema fallido,
cumplir el sueño expirado,
de confirmarse libre
y borrar cuanto se ha dicho.
Y aún cabe la remota posibilidad
de ser en un rayo de luz,
en lo efímero y pasajero,
en el pecador honesto
y en la vulneración de la ley.
Aún cabe la fantasía caduca
y la marea en la lucha
contra el adoctrinamiento moral.

Blanca Bermúdez
Escribo para sacar del alma lo que no se puede decir en voz alta. Gracias por leerme. Quédate. Comenta.
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