en el camino de vuelta a casa
no hace falta apurarse.
las sombras de la noche ya no dan miedo,
porque después de tanto ruido
el silencio es todo
menos enemigo.
camino sobre mis propias huellas
y voy trazando nuevas formas al andar,
pero hay un paso que no es el mío,
un caminante que sin aviso
mimetizó su ritmo
para acompañarme
a la par.
el otoño sureño está fresco
pero a quien camina conmigo no le importa,
se volvió ese resto de la tarde,
ese último rayo de sol
que no se quiere ir,
ni quiero que se vaya,
antes de que sea
invierno de verdad.
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