Vuelvo—
involuntario—.
El vino
voraz
me recuerda:
"la verdad vive
en lo que nos arruina lento".
Aun así, bebo
no por deseo
sino diciplina.
La memoria fermenta:
primero dulce, después amarga,
al final
un ácido invisible
pegado en el alma.
¿La uva elije ser vino
o el vino elije la uva?
Me pregunto
mientras levanto la copa—
cáliz de mi sangre.
La ceremonia comienza
sin cielo, sin altar, sin dios que observe.
Cada sorbo:
sacramento al revés,
comunión de una ausencia.
He jurado:
antes que termine conmigo, terminare yo con él.
Curare
al alcohol
con mis heridas.
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