Sobre llevar en mis manos el corazón de mi memoria, debo escojer entre ser algo de lo que debo ser o ser solo una cosa.
Cruzando todos los arroyos en la sima de su curso y no ahogar mis ansias de sueño en ninguno de ellos.
Soldados de rutina arrastran migas de pan duro y hojas hacia el cuartel donde la reina los dirige y reina.
Una mariposa blanca, con su volar etéreo y preciso, va dejando en cada flor su sencilla carga de ternura.
Y más allá del paisaje, descubro un montón de horas muertas y siglos; siglos que fueron perdiendo belleza y realidad, siglos que ya han pasado y muchas horas, que si bien no son materiales, saben de la libertad de la flor, la mariposa y la hormiga.
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