La búsqueda de Dios que hacemos cada uno de nosotros no es religiosa ni encasillada: es una forma de búsqueda para encontrar sentido, guía, amor, y que se manifiesta mediante el deseo humano de comprender su existencia.”
Simone Weil decía que cuando uno busca el amor de Dios, no solo lo busca en oraciones, súplicas y milagros. Sino que, al prestar atención en el otro y al dar amor, uno ya está buscando a Dios; uno busca cercanía con él de esa manera.
Y esa búsqueda de cercanía con él es por la razón de que buscamos en la vida una guía, una razón, un porqué. Las personas buscan el porqué existimos, por qué nacimos en este lugar.
Yo lo he buscado siempre, o por lo menos desde que tengo memoria.
Incluso después de haberlo negado, lo seguí buscando.
Alguno de nosotros tal vez ha buscado a Dios de distintas maneras.
Si siempre se ha puesto y dicho que Dios es el creador, nuestro creador, es común suponer que para ser feliz, para ser perdonado, para estar salvo o estar completo, hay que buscarlo a él.
Por eso lo he buscado por tanto tiempo. Incluso sin saber cómo comunicarme, cómo se siente hablarle o cómo es que él se comunica con uno.
Aun así…
Jamás tuve una respuesta concreta de el.
Solo tuve fe.
No respuestas, sino preguntas.
No certezas, sino dudas.
Ese deseo de búsqueda vino de creencias religiosas.
Pero también viene de deseos propios, de mis deseos.
El deseo de saber si él existe.
Con la pregunta de por qué no se ha manifestado de manera concreta.
Si existes, ¿por qué no simplemente me hablas? Eso siempre me he preguntado. Y no, sigo sin obtener respuesta.
¿Puedo encontrar a Dios sin buscarlo, y que él me busque a mí en vez de yo a él?
¿Mediante esa búsqueda de amor puede encontrarlo?
¿Él en algún momento habrá querido acercarse a mi?
Si todo el mundo alguna vez buscó a Dios, es porque algo de él puede haber. Algo suyo puede existir, puede estar. Tal vez, en pequeñas cosas que vemos, sentimos o miramos, pueda cada uno encontrar a Dios.
¿Sonaré muy religiosa, desesperada?
¿Acaso no todos lo somos cuando buscamos respuestas?
Tal vez ese deseo de saber sobre el universo y el deseo de ser amados por algo superior, nos hace buscar respuestas hasta el cansancio.
Sabemos dentro nuestro, que somos seres finitos, que no tenemos mucha permanencia. Pero en esa finitud, también quedan partes de nosotros. Siempre hay una pequeña huella que dejamos, mínima, pero esta. Y en la finitud que viene siendo el humano desde siempre, una gran parte se ha estado buscando explicaciones para ese ser llamado Dios.
Y así como nosotros siendo seres finitos dejamos huella, Dios, que se supone es el creador, debería dejar sus huellas también.
¿Será de luz?
¿De carne y hueso?
¿Un ser incognoscible?
¿Cómo se lo busca?
¿Cómo se le encuentra?
¿Se puede encontrar algo que la mente humana no es capaz de comprender?
¿Se puede encontrar algo mediante la fe?
Si algo de él está por ahí, en algún momento… tal vez se lo encuentre.
Si existe algo de él, debe estar, debe acompañarnos. Y cada uno lo ha encontrado y lo encontrará a su manera.
O tal vez nunca lo encontremos.
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