Nos subimos 8am al bondi en Mardel y al rato el guía nos avisó que íbamos a llegar a Iguazú al otro día a las 3pm. "ufff 31 horas" fue lo primero que pensé.
Coche cama, cargador disponible, mi familia en los otros asientos. ¿Qué me apura?
Entre mate y mate, fui dejando de pensar en cuántas horas son las que faltan para llegar. Incluso cuando el resto estaba durmiendo, la noche en la ruta es una buena compañía para activar un poco las neuronas.
Y a eso vine acá, a tratar de entender qué nos hace querer llegar a un lugar en nuestras vidas en el momento que nos subimos a ese tren, cuando el camino puede ser tan disfrutable.
¿La costumbre de pensar en el destino? ¿La certeza de lo que va a haber ahí versus la incertidumbre del camino?
Aprovechemos las rutas para pensar, disfrutar, conocernos más, y eso va a permitirnos también gozar más de los destinos.
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