se anexiona al silencio del mundo
en un bar privado,
tras noches sin escabullirse
a daños y escenarios planos
del que amanecer
no cabe espacio
dentro del vacio lindante
y la vida le cierra como un sacramento
sin cielo ni fe propia
está en el mismo Boedo:
las calles abstractas,
las formas del alumbrado
y la misma fuerza sobre la espalda
de inmediata hermenéutica
sobre cuerpos y sobre nombres
tiembla, come y se deshace
con su apariencia de mujer no feliz,
en un arduo trabajo de lealtad
a sus lecciones bajo nieve
sin ansioliticos eternos en la mesa
como para justificar desapariciones diarias
y como se arruina la nariz
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