mobile isologo
buscar...

Bocanadas de amor.XVI. pensamientos ajenos.

Aug 21, 2026

126
Bocanadas de amor.XVI. pensamientos ajenos.
Empieza a escribir gratis en quaderno

Suspiro… contando los segundos que tarda mi corazón en latir. Cierro el pico; no se tiene que enfriar el agua.

Apoyo el mate, como quien lo deja descansar en medio de una charla.

Yo no.

Yo aprendí que estar solo ya no duele.

Hay una cosa extraña en acostumbrarse a estarlo.

Aprendés a elegir canciones sin preguntarle a otro qué tanto le gustan. A sentarte en una plaza que me prestó una tardecita de verano y simplemente admirar el cielo, viendo cómo sus colores van transformando el entorno: de un excelente azul, aún reluciente rosa, para dejarme sin palabras en su anaranjado rostro.

A veces, admirar esas pequeñas cosas no necesariamente necesita una conversación de por medio.

Cae la noche… como si el cielo ya hubiera mostrado su arte y decidido marcharse. Hay que guardar e irse.

Miro a mi derecha.

¿Qué no encuentro?

Si, según yo, tenía todo.

La compañía, quizás, era algo que me faltaba. La presencia de alguien más que pudiera admirar la misma belleza que yo.

Quizás estoy un poco solo.

No lo digo como queja. Menos como tragedia.

Solamente como quien descubre algo que ya sabía, pero que esa tarde decidió mirar de frente.

Porque con firmeza lo digo: aprendí que mi soledad también puede ser compañía.

El frío de mi hogar se volvió el calor de la tranquilidad, de la luz cálida de mi esperanza.

Aprendí a no necesitar constantemente una voz del otro lado del teléfono. A encontrar paz en un libro, en una canción cabizbaja, en una tarde con una brisa que casi toca mi cara. Aprendí a sentarme conmigo mismo y no sentir que el silencio era necesariamente una amenaza.

Pero hay detalles, hay susurros que nadie te cuenta cuando aprendés a estar solo:

Que también podés extrañar que alguien quiera estar con vos.

No busco multitud.

En algún punto comencé a inspeccionarme como quien busca en una habitación desordenada.

¿Qué hice mal?

¿Qué me faltó?

¿Por qué otros sí y yo no?

Encontré defectos. Encontré heridas. Encontré versiones de mí que había construido para que, dentro de un mundo de gente, por fin alguien dijera:

“Vení, quedate.”

Pero hay algo más profundo detrás de esas máscaras.

A veces no te eligen porque no sos lo que una persona necesita.

Y eso no convierte mi existencia en un fracaso.

No todos los taxis tienen la obligación de llevarte. No todos los trenes que se van estaban destinados a llevarte.

No todas las despedidas tienen la virtud de ser explicadas, como si castigarte por ellas fuera una necesidad.

No todos van a amarme como yo lo necesito.

Hay personas que tampoco sabría amar sin perderme, como si necesitara de un mapa que me dirija.

Porque el corazón, tan sensible y preguntón, busca la lógica al desastre.

En mis delirios, solamente quisiera que alguien me tuviera presente.

Que, sin quererlo, sin estar haciendo algo o quizás hasta estando ocupado, me llegue una notificación:

“Che, ¿estás haciendo algo? Salgamos a pasear.”

Para muchos puede ser algo muy simple. Una simple invitación.

Para mí sería mucho más.

Sería saber que, en la conciencia de alguien, existí por una milésima de segundo sin tener que recordárselo.

No tener que estar detrás de personas como si una fila del súper se tratara, esperando que llegue mi turno.

Quisiera, alguna vez, ser el nombre que alguien piensa primero.

Y qué extraño decirlo.

Porque tomé el “no me eligieron” como una sentencia.

Como si alguien hubiera mirado dentro de mí, hubiese encontrado una falla que yo todavía no conocía y hubiese elegido marcharse.

Las ausencias eran pruebas.

Cada mensaje era interpretado.

Cada invitación que no recibía ya confirmaba mis teorías.

Y cuando por fin entendí que lo que valgo no depende de alguien más, sino de mí…

Quizás, y tan solo quizás, por eso hoy puedo decir que aprendí a estar solo.

Pero no quiero mentirme diciéndome que no necesito a nadie.

Porque no es cierto.

Me gusta mi soledad.

Me enamoré del silencio.

Me gusta que el mate esté preparado a mi forma.

Pero también me gustaría ver de qué manera lo prepararía alguien más.

Alguien que esté sentado al lado mío.

Y no estoy hablando necesariamente del amor.

Quizás no estaba buscando que alguien se enamorara de mí.

Quizás estaba buscando algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil:

Que alguien quisiera compartir conmigo aquello que no necesitaba ser compartido.

El simple hecho de sentarme al lado de alguien y no sentir que tengo que demostrar algo para merecer ese momento.

Porque quizás… eso estuve buscando.

No alguien que me ame, sino alguien que piense:

“Quiero que esté él.”

Puedo estar solo y disfrutarlo, al mismo tiempo que espero una voz.

Puedo amar mi soledad sin querer vivir en ella.

Y quizás mañana vuelva a cebarme un mate solo.

No porque haya aprendido a conformarme con la soledad, sino porque aprendí que también puedo esperarla sin que me duela.

La diferencia es pequeña, pero existe.

Ya no tomo mates solo preguntándome por qué nadie está conmigo.

Los tomo pensando que, algún día, quizás alguien quiera sentarse a mi lado.

Y mientras tanto, acá estoy.

Con mi mate.

Con mi música.

Con mi silencio.

Con mi esperanza.

Esperando, en mi paz, a alguien que sepa decirme:

“Vos y tu mate eran lo que me faltaba.”

Alfredo Ballejo

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión