Bocanadas de amor.XV. ¿cuánto duró el romance?
Aug 15, 2026

¿Cuánto duró el romance?
No sé cuándo murió el romance. Quizás nunca murió; quizás simplemente dejamos de hablar su idioma.
Más importante se ha vuelto que una declaración de amor sea un “me gusta” a través de la pantalla y no la devoción de un alma desnuda. De una carta, de un conjunto de letras. De quien no soporta el hecho de amar de tal forma que simplemente necesita ponerlo en letras.
¿Cuánto duró el romance?
Él no murió, solo ya no tiene quien lo hable, quien lo reciba. Como una casa antigua a la que dejaron de llegar cartas. Como si el alma pudiera resumirse en reacciones, en “me gusta”.
Mirar el presente y simplemente ver que el amor es como quien arma un mueble rápido.
Sin silencio.
Sin poesía.
Sin paciencia.
Como si por miedo a lo efímero se perdiera la valentía de sentir amor, como si por miedo a un desamor o a una falta de querer no se animaran a amar.
Qué tristeza da convertir el corazón en un objeto más, como si solo fuera una parte más del cuerpo. Qué tristeza da que ya no existan las cartas hechas a mano.
Antes alguien te escribía: “Mientras el cielo llora en tu ausencia, el techo de mi hogar sigue protegiéndome de sus lágrimas”, y uno podía sentir todo un clima dentro del pecho.
Hoy, un “nos vemos” es como cerrar una puerta.
Tengo el pensamiento —y quizás me equivoque— de que dejamos de entender al mundo porque dejamos de verlo bonito.
Ya no existen las metáforas por parecer intensos, como todo corazón o enamorado ansioso.
Todo lo que alguna vez sonó a paciencia hoy en día fue convertido en brevedad. Se quedaron sin alma o, quizás, se acostumbraron a un presente modista.
Ya no existe quien desnude el alma sin llamarlo dependencia, cuando alguien, sin temor y lleno de sentimientos eufóricos, podía decir “te extraño” sin sentir miedo o vergüenza.
O quizás sí, sí las tenía. Y no la detuvo.
Ahí está.
Si te amo y quiero que lo veas con la misma intensidad con que lo siento, ahí existe el amor. Entregarse en un alma dispuesta a recibirte. Dejar de seguir reglas o patrones de un presente incierto.
Como un árbol que, en vez de quedarse creciendo hacia abajo, decidió que sus raíces también podían ver el sol.
Extrañar con sensibilidad. Como una canción a las tres de la mañana podía romperte solo por recordar a quien te la hizo escuchar, creyendo que en los versos te encontraría.
No me niego al amor, en absoluto. Yo todavía sé amar como alguna vez se sintió de verdad.
Quizás por eso me cuesta tanto entender este tiempo. Porque todavía me nace escribir una carta antes que reaccionar a una historia. Todavía pienso en qué flores regalar, en qué canción podría decir lo que mi boca no sabe explicar. Todavía creo que querer a alguien debería dar un poco de miedo, porque cuando uno entrega algo verdaderamente suyo, siempre existe la posibilidad de que no vuelva intacto.
Quizás ese sea mi pequeño desacuerdo con el presente: yo todavía quiero amar sin calcular cuánto puedo perder.
Nos hace falta leer, para que con sus ojos puedan ver que hasta el hombre más roto puede escribir páginas de poesía mientras se cae a pedazos.
Me aferro a las palabras porque, en un mundo ahogado en silencio, siento que las palabras todavía pueden salvarme.
Porque el romance no solamente existió en una cena bonita, en una cita en el parque.
También existió en quien, viendo las estrellas, pudo verte en cada una de ellas.
¿Cuánto duró el romance?
Quizás dure exactamente lo mismo que una persona esté dispuesta a sentir sin pedirle al mundo permiso para hacerlo.
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