Se me ha venido atravesando una idea que me perturba toda hora. Y te cuento a vos el que me lee, sin palabras rimbombantes, ni con la elocuencia con la que atenuo mis traumas. Que yazco con algo carcomiéndome desde adentro alrededor de tres años, si nos ponemos exactos. Me pregunto en dónde se gestó, si fue al ir convirtiéndome en mártir de aquellos sádicos emocionales que manipulaban mi indulgencia con la muerte como instrumento. O si es que siempre estuvo conmigo, esperando el momento de implosionar en mí.
Si es por el masoquismo adherido en la médula, o por las desgracias que mi piel y cerebro han pagado. A veces culpo a todos, a todos esos que dejé entrar a mi espacio, que perdoné incluso con ellos disfrazados de la muerte sentada en mi regazo. Porque detallo que me han drenado desde puntos concretos del mundo, en diferentes países y acentos que comparten la misma lengua mortífera. Sin embargo, adoptados a mi constitución, di lugar a todo lo ofrecido por los malintencionados y bienaventurados, los de buen y mal corazón. Hoy les digo junto al viento que me ensordece: creo que estoy enfermo por una idea incrustada en mi cabeza.
Seguro trae algo de paz a los que odiándome me desearon el mal. Dios los bendiga.
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