El mundo me había desgarrado la matriz, esa de donde provienen todas las creaciones fértiles, y aún así quise dar el salto, nada es desperdiciado desde mi visión y es que esta línea entre tú y yo es dura como el acero, puedo oler el metal que se adorna y se enferma de color carmesí dentro de nuestras venas, no estoy dedicandote nada, no estoy declarandote la guerra, tampoco lo eterno sentenciado, hemos partido caminos que se tambalean, tu vida y la mía entrelazadas porque fue inevitable, esto existe. Ocupaste espacios placenteros, llenos de café y adoración, donde tu ego se volvió magnífico porque tú y yo, no tenemos secretos, cargaremos con el ser del otro, de manera punzante y purificante, acobijaste tu recuerdo en lugares que no pueden reemplazarse, aunque lo intentaste, aunque sea, tu huella me hará compañia por un tiempo hasta que mi ser pueda derramarse sobre alguien más eterno, sin rencores o putrefacciones, aunque de pronto una espina de rosa se me clave, es efímero, nunca podríamos comprometernos a algo mayor que esto, de vez en cuando asomarnos por los labios del otro, muy mundana es la vida para algo tan divino como lo nuestro, nunca me importará quién tiene de ti algo, es todo superficial, sin abstracción, fácil de descifrar. Y me he sometido a los hallazgos, devorar cada recuerdo y suspiro en mi imaginación tan vivaz, sigues alimentando mi querer aún tan lejos, con una lágrima de miel que se desliza en algo de tristeza pero que me hace tener la capacidad de seguir siendo tan férrea como antes, reavivaste un poco de aquello que había pérdido, gloriosa sensación retadora, cómplice y de fruta madura para engullir. Esta no es una carta de agradecimiento pero hasta con ello, el orgullo que siento te volteará la cara, porque mi estela la viviste un momento (que gran desperdicio), allí donde mi espiral es eterno, en mi vientre de fulgor que arropabas con besos salados, me dará gusto recordarlo, no me parte el alma pues antes de ti existió un cupido alado que rompió mi porvenir, y de nuevo renací, tú no rompiste nada, lejos de la perfección estás y es lo que más me conquistó. Sé la huella que dejé, innata de mi naturaleza egoísta que realzas, no tendría que actuar así pero es lo único que avivas, y sí, es tu culpa, no se puede bajar la guardia, solo a veces cuando te pienso, te deseo y no me estreso, mucho menos en los pliegues húmedos y certeros, soy traicionera por naturaleza, extremista pero irrepetible, así como mi pasión por ti. Hiciste un poco lo que quisiste cuando bajé mi vanidad y mi espejo en el que me retocaba, ese reflejo mío lo traicioné un rato contigo, tu neutralidad un poco cobarde pero que tanto quiero, yo no soy un secreto en tu interior, vivo en cada cosa que te rodea y con esto mis oraciones son un largo mantra de besos que en vela, mando al cielo.
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