no soy merecedora de volver.
no es un derecho cambiar de opinión en el mundo coherente que quiero habitar.
no hay derecho de dar media vuelta
de devolverte el te quiero.
no es posible explicarme,
no existen justificaciones para mí misma.
las decisiones son volátiles, se me escapan de las manos, se evaporan en el aire.
salen de mi boca las palabras,
y son dictámen.
las decisiones,
solas y en un santiamén,
determinan el camino que habrá que tomarse.
contra mi voluntad, me maneja la imposición de ser coherente,
poética,
delicada,
linda.
pero de pronto, un rayo de luz a la madrugada ilumina la verdad de lo que me habita.
en una cuestión de minutos, el sol se levanta
y quedo de espaldas a él,
desnuda,
caída
risueña.
tropiezo con las ramas,
me río de mi mala formulación,
lo beso en la boca.
beso al mismísimo sol, que con sus hebras me recibe,
palpándome a veces,
dándome calor.
de repente, todas las barreras a mi alrededor se rompen.
la división del mundo queda obsoleta,
todas las fronteras del mundo son borradas
mientras el barrio duerme
o se emborracha.
en ocasiones,
distante como aquello que nunca puede tocarse,
me observa desde lejos.
enfoca su dificultosa mirada
en el brillo plateado sobre mis párpados.
posa su atención en el corto del vestido,
en las picaduras de los tobillos,
en el lunar que tengo en el cachete.
no dice nada si no me ve nerviosa.
sino que,
levanta su mano anaranjada,
llena de pintitas cálidas,
y la posa sobre mi cuello para acercarme a él
y besarme de nuevo.
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