Me corto el labio con algo del tuyo.
Payasería macabra donde todo roza la posteridad. Y sin embargo, nada.
Postula Sofía entonces que el movimiento debe de ser algo más que el cambiar simplemente de instancia, que quizás tiene otra forma.
De remolino interno, o ancla al pavimento, a la vez.
Una expansión desmedida de un segundo, que al subsiguiente descarto.
Que intento forzosamente acomodar en el olvido, que empujo como las remeras sin doblar en el cajón.
Que evidentemente no cierra, y entonces me saluda una manga, o un recuerdo de la textura de tu lengua, o el impasse del no olor entre dos bocas desbordadas de alcoholes y metal.
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